Elena Casas

EL ENCUENTRO

Cuando por fin nos vimos,

fue como si dos trenes

de alta velocidad

chocaran, a doscientos    

kilómetros por hora

en la dulzura inmensa      

de un prado verde lleno                                          

de tiernas margaritas.

Como si

– flores blancas, hierros-

volaran

- signos de luz, galaxias-

hacia las conjunciones estelares

de otros mundos.

Hacia constelaciones infinitas

de rosas increíbles                        

donde el amor gobierna

donde nada se pierde ni se olvida.