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Luna Purpura

Había una vez

"Había una vez, una dama solitaria que daba largas caminatas por la orilla del mar, buscando respuestas para el corazón, sus ruegos a la mármol esfera que a lo lejos se pintaba en el ébano manto que cubría todo a su alrededor, llenos de esperanza, como una lianas cubriendo las camas. 
Ella, con su desordenado y oscuro cabello, caminaba y danzaba al compás de sus emociones, su mirada marchita mas profunda era, y sólo se le escuchaba platicando mieles a esas luciérnagas que se posan fijas en el cielo.
Un día cualquiera, llegó un valiente caballero de brillante armadura, bajando desde su embarcación, a esa playa cuyo nombre nadie recuerda, y seducido por la danza, chocó miradas con esa loca dama, y ella enredada entre el brillo de sus ojos no pudo evitar quedar. Impresionada por su hidalguía, de las batallas vividas, contra dragones y serpientes, le contó sus historias, sus miedos, y alguna que otra duda que surgía en su latente bomba; y encontraba fascinante el camino rodado por aquel caballero que nunca pudo olvidar jamás. 
Pasaron los días, y compartieron más que un baile. Sonrisas provocadas una tras otra, recuerdos añejados por el tic tac, miradas tal rayos de sol, su amante luna, el atardecer que enmarcaba sus brazos envueltos entre ellos mismos, y otro centenar de mágicos instantes que causaron  que en el palpitante músculo que envuelve el pecho de la perdida dama, las ilusiones y los sueños dominaban.
El juró ser su escudero siempre y ella para toda la eternidad animarlo, nunca dejarlo desfallecer; y así pasaron los segundos, con desesperación por llegar al fin de los días; los versos protagonistas de las noches fueron, las melodías adornaban el entorno del susurro que en poema había sido tallado.
Ella, sola en sus lejanos recorridos a lo largo de la costa, ya no estaba, a su lado, su caballero andante la tomaba de la mano, y en ocasiones, la asía contra sí provocando un torbellino de emociones, para culminar con un tierno roce de sedientos labios. 
Mas en una fría noche, con la lluvia recorriendo su rostro, se percató de que aunque su querido caballero feliz se encontraba cuando se escapaban a su playa, detrás del horizonte; demonios y ángeles lo atormentaban, e intentó ayudarlo y batallar junto a él, pero se dio cuenta que ella era parte de la causa de sus tormentos, también, vio que ella nunca iba a ser parte de la vida real de su caballero, sino sólo era un personaje de sus sueños, del mundo imaginario, al cual él escapaba a ratos pero optaba por vivir cómodo en su realidad amarga. Por lo que decidió renunciar a todo eso que feliz la hacía, apostándole al tiempo, rogando misericordia a su Omnipotente Dios, con el único propósito de no ser causa del agobio de su amado caballero y así ahora nuevamente la soledad marca las huellas que paso a paso, esta melancólica dama da. 
Ella sin versos, ni colores, ha quedado, y sentada hablando sin parar con su amante luna, se escucha a lo lejos el canto que al bello recuerdo de la compañía que algún tuvo en esta playa ha dedicado... "




Mis quietas pisadas en la arena he dibujado, 
se que entre nubes no debí haber viajado,
ajustada entre la roca y mis senos, llanto y lamento.


He preferido la distancia, esa misma que me mata,
porque ser héroe de tus sonrisas deseaba,
quizá crees que te abandono y equivocado estabas
 pues mi corazón siempre viajará junto al tuyo.


Y cuando tu corazón cubierto de rocío se encuentre,
mantén cerradas tus negras pupilas, 
recuerda mis versos 
y aleja falsedades.


Y mientras tanto, buscaré quehacer, 
en medio de sol, mar y arena,
encontraré algún placer, 
que calme la ansiedad que invita tu ausencia.


Y mientras tanto, sentiré lágrimas recorrer,
alguno que otro reproche caer,
para darme cuenta que aún no volviéndote a ver, 
siempre te voy a querer...


Para ti... Mi valiente caballero...