Vicente Martín Martín

Sería hermoso que alguien se muriera por ti

Sería hermoso que alguien se muriera por ti y tú asistieras

de incógnito a su entierro,

¿te imaginas?

 

Los que nunca escribieron ni una línea arriesgando por ti,

quienes nunca apostaron un centavo por ti

son los primeros,

se les nota en el gesto, en la ojeras teñidas

con residuos de otoño,

compungidos, llorosos, consternados,

los primeros, repito, en abrazar a tu viuda y consolar a tus hijos.

 

Y está bien, de  verdad, está muy bien

que la gente se acerque hasta tu casa sin usar el cuchillo

y es que siempre será de agradecer que no le vean a uno

con el rostro del otro,

con la lengua y los dedos y la angustia del otro,

sin embargo te extrañas

y entre ellos

no ves a quienes iban contigo pavoneándose a los bailes de disfraces,

no están quienes leían tus versos y aplaudían

tu poética absurda

y te piensas

que tal vez se hayan visto sorprendidos en un corte de tráfico,

estas cosas ocurren y por ende

lo que fuera evidente no lo es tanto.

 

Pero aparte de esto,

lo que más te sorprende es constatar hasta dónde

morirse abre los ojos a los muertos.