Viento_de_Levante

TESTIMONIO

                                        

 

En mitad de la noche ruge un viento negruzco impregnado de humedad.

Huele a lamento y a fango de suburbio.

Nadie circula por las calles.

Pero ella está allí.

La tormenta la ha sorprendido al acostarse. Coge lápiz y cuaderno y se planta en la calle, descalza y en camisón. Se dirige al centro del huracán y mirándole de frente le grita.

-¡Siempre desatas tu furia sobre chozas y favelas, sobre arrabales, carencias e injusticias! ¿Por qué sufren tanto los humildes? ¿Por qué la melodía no les pertenece?

-¡No sólo quiero ser bálsamo y caricia, también espina y mordisco, crónica latente, grito y denuncia! -Afirma.

No ha vuelto a casa, nadie la vio después ni se sabe que ha sido de ella.

De vez en cuando, ráfagas de viento arrastran folios manchados de barro donde, con letra insegura, pueden leerse no menos inseguras respuestas.

Testimonios de visionaria escritos en humo y con faltas de ortografía.

Unas veces de forma apasionada y otras menos, pretenden decir, no sé qué cosas.

Nadie hace caso de los textos, nadie los lee, nadie quiere ensuciarse los dedos.

Algunos lunáticos han conseguido reunir unos cuantos de esos folios, que dicen guardar como oro en paño.

He podido fotocopiar varios de ellos y ofrecerlos a su consideración.

Desconozco si son dignos de su interés.

 

Viento de Levante