Noel Romero

Una lágrima

Una lágrima corrió por tu mejilla

claro preludio de tormenta que se acerca

manojo de nervios y labios temblorosos

frío sudor que corre por tu espalda.

 

Cierras los ojos, tus hombros se levantan

y tu mentón anida hondo en tu pecho

la bestia se acerca oliendo tu miedo

bruta, sudorosa, salvaje, primaria.

 

Atrás varios pasos, las manos al frente

esquivas, eludes, pero él es más fuerte

la furia retrógada mella tu cuerpo

y lo lanza cual bote en medio de huracán.

 

Ni la sangre que brota de tu labio herido

ni el púrpura intenso que empaña tus ojos

ni el llanto que ahora fluye en torrente

comprenden la causa de tales desgracias.

 

Se sacia la ira, se va el animal

y tú en tu rincón languideces y ruegas

porque, por favor, no se abra esa puerta

y esa personita tu lágrima vea.

 

Por él atraviesas estos temporales

por él tú soportas la furia implacable

por él sigues siendo la esposa intachable

y sometes tu vida, si puede llamarse.

 

Mas, ¡Ay de tu juicio nublado, invidente!

si crees que lo ayudas, así, te equivocas

pues sólo el amor es quien nutre la casa

y sana, libera y alegra el vivir.

 

La bestia no siente ya amor ni respeto

en tí vierte el fruto de su cobardía

¿tú crees que merece un lágrima tuya,

tu entrega, cuidados, comida y desvelos?

 

No intentes salvar lo que ya está podrido

erguida y serena la luz mirarás

allí, adelante, el futuro te espera

y así la sonrisa a tí retornará.

 

No dejes que el miedo acorrale tu alma

ni te pisoteen tu estirpe, mujer.

No dejes que nadie te corte las alas

que nadie mutile tus ansias de ser.

 

Batalla, denuncia, que se oiga tu voz

que suenen tus pasos firmes al andar

a un lado tu hijo, en el otro el amor

la esperanza va al frente y atrás el dolor.

 

La lágrima aquella que tanto dolió

y que tu corazón de mujer oprimía

será la que riegue, los fuertes cimientos

de tu vida nueva, llena de ilusión.