Luis Alvarez

BAUTISMO BLANCO EN TRES TIEMPOS

Para Laurasofía,

hermana de Laura y de Sofía.

Allá en Omaha.

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 -I-

 

La nieve vuelve a caer

delante de tus ojos.

Ahora ya la conoces.

Ya sabes cómo convertir

su malestar en risas.

 

Por un momento,

los pedacitos que golpean tu cara

acarician tu cara.

Te hicieron recordar, al mismo tiempo, 

algunas narraciones

de los cuentos de “Había una vez,”

y que tú creías que solo existían

en la imaginación de los maestros.

 

Ahora era diferente.

 

Viste a Carla deslizarse tranquilamente

por la creada cuesta

en el jardín de la casa de Omaha.

 

Viste a Laura, viste a Sofía,

quienes al culminar su ruta-cuesta,

te lanzaban millones de estrellas

para cambiar el malestar en risas.

 

Aquellas cuatro manitas

hacían el milagro.

¿Querías regresar al rito?

 

- MAYBE.

 

 

-II-

 

Los muñecos de nieve

jamás imaginados en grupos

-como aquellos tantos-

delante de tus ojos.

A uno, tú le colocaste

la zanahoria-nariz

o nariz-zanahoria,

acompañando el rito.

Tú nunca habías sentido

la Roma blanquecina,

como esta que columbras.

 

Ahora era distinto.

 

Tus manos frías,

protegidas por guantes

y desacostumbradas,

siempre tentaron de asir aquella nada,

la blanquecina nada,

para lavar tu faz.

¿Querías recuperar,

tal vez,

algunos años?

 

- FORSE.

 

 

-III-

 

De pronto... San Sebastián.

no el tuyo, el otro.

El de los Reyes católicos,

no el de los Reyes Magos.

 

Mientras caía la nieve,

leíste el nombre de la calle

que te estaba alojando:

“Federico García Lorca”

y recordaste, de inmediato,

su casa de Granada,

convertida en venta de refrescos

durante los cuarenta años

de la noche negra.

 

Ahora era diverso.

 

Hoy era blanca.

Los copos llenaron tu cabeza

y enfriaron lo negativo del recuerdo.

¿Querías hacer tuyos,

y en tu idioma,

los momentos vividos

en similares ratos,

en lugares distintos?

 

- QUIZÁS.