Guillermo Osorio

ELLA Y EL

 

Ella le pidió que una mentira se haga realidad.

El buscaba una princesa con pilas recargables.

Se miraron un segundo ambos con una enfermedad

y después del primer beso ya nada era negociable.

 

Tantas promesas coleccionadas en un álbum viejo,

ella luego de ese beso exigió una verdad,

y al final de los puntos… él dibujó un bosquejo

por si a ella se le extraviaba la palabra felicidad.

 

Y hubo tantas guerras como religiones en el mundo,

amantes extorsivos; secretarias al por mayor,

corazones policiales; corazones vagabundos,

y ella solo quería un verdadero amor.

 

Y hubo tantos despilfarros en las almas,

olvidos alquilados; cielos de botella,

infiernos sin crisis; eyaculaciones sin camas,

y él solo quería morirse por ella.

 

Aprendieron a amarse de indistintos modos,

programaron sus ojos para verse sin verse,

y al llegar una caricia la soledad no huía del todo,

porque poco más tarde terminaba por conmoverse.

 

Descubrieron en las miradas un país desconocido,

y así fue como pusieron a sus labios una República,

y en medio de protestas por el gobierno elegido

sus manos crearon una revolución erótica.

 

Y hubo tantas ofertas como feriados para el sexo,

sonrisas huérfanas; citas de luto,

poesías con cianuro; inspiraciones sin nexo,

y ella solo quería un amor absoluto.

 

Y hubo tantos teoremas y preguntas sin respuestas,

comedias tristes; febreros oxidados,

bares como hospitales; dioses en fiestas,

y él solo quería morirse a su lado.

 

Y hoy ella y él son aquella duda

de un amor eterno sin promesas que cumplir,

y hoy ella y él son aquella muda

esperanza que en el silencio debe existir.

 

Las Mercedes, 14 de febrero 2013