kavanarudén

Tu nombre cual mantra sacro

 

 

 

 

Me dirigí, con paso firme, a mi habitación.

 

Entrando cerré la puerta con llave. Entré en mi mundo, en mi intimidad, en mi privacidad.

 

Sentí que podía despojarme de todo el peso del día, del peso de la responsabilidad, el peso de un rol específico.

 

Lentamente me desnudé dejando la ropa encima de mi cama. Les miré por unos segundos, perdido en mis pensamientos, en mis elucubraciones.

Entrando al baño me miré al espejo, algunas ojeras se dejaban ver, alguna que otra arruga se hace presente. El pasar de los años que no perdona a ninguno. Una sonrisa espontánea afloró en mi rostro después de pensar en los años. Tan dramático, como siempre, diría un querido amigo.

 

Acaricié mi rostro cansado mientras abría el grifo de la regadera para que saliera el agua caliente. Entré en la ducha. El agua tibia reconfortaba cada parte de mi cuerpo exhausto. Cerré mis ojos y no pude contener un suspiro profundo y un gemido de placer. No quería pensar absolutamente en nada, sino dejarme llevar por el momento, por este momento tan íntimo, tan mío, tan profundo.

 

Poco a poco me dejé llevar y me senté debajo de la lluvia que caía, disfrutando cada gota de agua que me acariciaba.

Tu recuerdo se hizo presente agudamente. Siempre estás en mí, pero en ese momento fue muy intenso.

Me pregunté por lo que estarías pensando en ese instante; si te recordabas de mí en ese momento; ¿cómo estarás?; si la soledad te hiere como a mí; si te haría tanta falta como me haces falta tú; ¿resistirás esta cruel distancia que nos separa y nos mete a la prueba? ¿y si alguien se interpone en nuestro camino? ¿realmente el amor es posible, es eterno?....

 

Sacudo enérgicamente mi cabeza queriendo eliminar mis pensamientos, sobre todo aquellos pensamientos negativos que me hacen daño. Mi sensibilidad e imaginación, en estos momentos, no es que ayuden tanto.

 

En el agua que recorre mi cuerpo siento tu presencia, tu toque, tus caricias por todo mi ser, tu amor que me purifica, conforta y da vida.

 

Salgo de la ducha, la toalla perfumada huele a ti. Fuiste tú quien la lavó por última vez y ese olor me trae tus cabellos, tu cuerpo, nuestro hogar, nuestra cama, tus vestidos, tu intimidad… Lentamente me seco y continua impertérrito tu recuerdo.

 

Me acuesto en mi cama solitaria, que se me hace cada vez más grande porque no estás a mi lado. Desnudo estoy encima de ella. Apago todas las luces y me quedo en la penumbra de la noche. Cierro mis ojos y pronuncio lentamente tu nombre, el cual siento tan dulce en mi paladar. Lo pronuncio una, dos, mil veces, hasta que cansado, melancólico y triste me entrego al descanso restaurador.

 

Imploro al Dios Altísimo que al menos, en sueños, te pueda encontrar y entregarme una, dos, mil veces. Tu nombre se ha convertido en un mantra sacro que me adentra al mundo onírico.

 

Te amo amor mío. Resistamos esta dura prueba que somete nuestro amor, pero que lo hará cada vez más fuerte.

 

Tuyo para siempre.