Josefina 46

NUESTRO PATRIMONIO

Hay un lugar en Buñol

fruto de la madre naturaleza,

espléndido de luz y color,

insuperable de belleza.

 

Mil veces lo visitamos

admirándolo ávidamente

en sus mínimos detalles

a esa concavidad del monte

conocido como la Cueva de Turche.

 

Nuestro Turche es inconfundible

y la honda huella de la impresión

que su grandiosidad produce

estremece de emoción.

 

Marco de entrada soberbio,

artístico y digno de estudio

que ofrece a todo el mundo

del alma la más pura expansión.

 

Presenta ya desde el camino

que cerca de ella serpentea,

un escenario mágico, colosal

a donde se llega por el lecho

de un río con escaso caudal.

 

Río por el que de niña recorría

hasta su precioso lago

y su grandiosidad me parecía

el mar Mediterráneo.

 

Desnudos peñascos la rodean

y su bello conjunto semeja

al de un gran Coliseo romano

cuyos palcos y plateas fueran

barridos por los años.

 

Aproximámdose a la Cueva

nos sorprende la caída del agua,

decoración sencilla y poética

de una natural cascada.

 

Los rayos solares en ella

descomponiendo y quebrando

la luz, forma por refracción

un pequeño arco iris multicolor.

 

La Cueva Turche de Buñol

reune todos los encantos naturales

que la Divina mano quiso darle

confortando la voluntad y el ánimo

de cuantos se acercan a visitarle.

 

Así te veo yo, Cueva Turche querida,

trasladando el pensamiento a mi pluma

que jamás alcanzará tu hermosura

ni la realidad de lo que representa

tu majestuosidad y grandeza profunda.

 

Fina