Donaciano Bueno

La consulta del médico

Veo ante mi a gente..., gente..., mucha gente,

de todo pelaje, asaz de variopinta,

blancos, negros, de costumbres muy distintas,

esperando allí en la sala muy pacientes.

 

Todos ellos van rumiando suavemente

sus miserias, y quizás viejos consejos.

Son mayores, casi todos ya son viejos,

amarrados al dolor, mirando al frente.

 

Solo veo, de esperar gente cansada,

y algún grito que se escucha de repente,

uno a uno van avanzando lentamente

sin hablar, sin rechistar, sin decir nada.

 

Van unos tras otros al confesionario,

poco importa aquí si son o no creyentes,

desgranando van las cuentas del rosario

suplicándole al buen dios sea clemente.

 

Se presignan, se santiguan y le imploran

que amortigue su penar aun levemente.

Si castigo han de pagar para ello lloran,

y un calmante allí suplican insistentes.

 

La sotana negra aquí se ha vuelto blanca.

los pecados mal del cuerpo son dolientes

las heridas chillidos que al alma arrancan

que el doctor intentará queden ausentes.