Diaz Valero Alejandro José

Hermandad soñada

Hermana:

La vida se ensañó en separarnos,

no fue culpa tuya ni mía,

momentos imposible de borrarlos

que dañaron nuestra cofradía.

 

Siempre soñé estar junto a ti

para construir bellos recuerdos

y compartir contigo la niñez feliz

entre risas, abrazos y juegos.

 

Siempre abrigué las esperanzas

de que de un momento a otro llegaras

pero era tanta la tardanza

que la angustia y la pena me mataban.

 

Muchas veces soñé abrazarte

como hermana de padre y madre

para brindarte apoyo y ayudarte

y defenderte como a nadie.

 

A veces al ver mariposas volando

juntas como buenas hermanas

pasaba la tarde llorando

porqué seguíamos alejadas.

 

Otras veces hermanita,

imaginaba tus travesuras,

y quería darte cosas bonitas

repletas de amor y de ternura.

 

Otras tantas te imaginé llegar

trayendo de equipaje tus sonrisas

pero nunca se pudo lograr

porqué siempre fuiste escurridiza.

 

Siempre hermana, tuve presente,

el bendito día en que llegaras

para irnos juntas a jugar al puente

y divertirnos felices con el agua.

 

Pero tú te fuiste haciendo tan rebelde

nunca sentiste amor por tu hermana

y yo con tantas ansias de tenerte

para andar por la vida abrazadas.

 

Me tocó ir sola por los campos

porque contigo no contaba

y pensar que yo luchaba tanto

porqué junto a mi lado te criaras.

 

Tu envidia, tu intriga y tu rabia

hicieron el triste desenlace,

de crecer sola sin una hermana

porqué tú sin razón te me alejaste.

 

Después llegó mi adolescencia

y yo seguí sola y entristecida

sintiendo el frío de tu ausencia

con ese odio que por mí sentías.

 

Después me fui haciendo mujer

y mi vida siguió su rumbo trazado

de tu vida poco llegué a saber

porqué nunca entendí tu mundo raro.

 

Y ahora reflexionando en plena madurez

siento pesar por mi madre amada,

que murió triste y nunca pudo ver

a sus bellas hijas juntas como hermanas.

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Autor: Alejandro J. Díaz Valero

Maracaibo, Venezuela