Diluz

MARÍA (Inspirada en la novela de Jorge Isaacs ) Declamado

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Bajo la enredadera te vi,
semioculta tu mirada,
con tu tristeza callada
de niñez enamorada.
Y mi corazón partía
y mi alma se quedaba
con una angustia tan mía
del silencio desgarrada…
¡Y un ave negra el graznido!
¿que maldición nos legara?.

 

Al regresar a la casa
fue el encuentro y la nostalgia,
de tu mirada de niña
de nuestra infancia añorada.
Ora el rubor incipiente
coloreando tus mejillas
y tú tímida sonrisa,
con la mía en hurtadillas.

 

Fue el primer sueño en la casa
soñarte como a escondidas…
en tu falda de muselina
de florecillas azules;
y fue despertar del sueño
con la voz de tus candores…
después del roce soñado
descubriendo tus rubores.

 

Que ya no eras la niña
de aquellos juegos de antaño,
ya tu voz tenía el canto
modulado a las ternuras.
María del dulce acento,
María de mis sonrisas,
Ay María, mi María,
aliento de mis premuras.

 

“Las hijas núbiles de los patriarcas
no fueron más hermosas”
Al recordarte, Ay María
recogiendo aquellas rosas,
que fueran a refrescarme
en el estanque aquel día
perfumado con tus flores


Ay María, mi María…

María de mis amores

 

Mas no tardaba en llegar
la sombra de mi desdicha,
que otro viaje se cernía…
opacándonos la dicha.
Allí quedó tu mirada
con angustia inusitada
y aquel clavel en tu trenza
que en mi ausencia marchitara.

 

Ni la Cruz de Coral cernida,
y atada con tu cabellos,
pudo disipar mi desdicha,
ni tu angustia y desconsuelo…
como presintiendo el viaje
a separarnos de nuevo…
Y fui a mi cuarto y lloré,
abrazado de tus rosas…

 

Cada pétalo de ti
impregnados de tu aroma,
nuestro amor casi inconciente…
primer amor de la vida,
lágrimas de una existencia,
amor único en su esencia,
puro amor que nos arroba
en la plena adolescencia.

 

“¡María, cuanto te amé,
María, cuanto te amara.!”

 

De nuestras manos el goce,
nuestras primeras caricias
nacidas  de la mirada
promesas de albas delicias;
y en olvido el desamor
de aquellos celos quedaron,
y fue saber que me amabas
al rozarse nuestras manos.


Amor que fuiste promesa,
en la espera de los días,
desde aquel vestido blanco
el día de mi partida.
Desmayada en tu dolor,
desgarrada por la vida,

ya no volverían mis ojos

a la luz de tus pupilas.


¡por que te llevó la muerte
anunciada de aquel día!...
en que graznara aquel ave,
como noche ennegrecida.

 

Hoy abrazado a tus trenzas,
y embargado de tu aroma,
al tornarse mi existencia
mustio silencio en tu alcoba…
me habrán de llevar los vientos
angustiado a tu sepulcro,
y allí en la cruz de hierro
que custodiaba tu tumba
otra vez el ave negra
graznará en la penumbra…

 


Y así me aleje al galope
por la pampa solitaria,
ennegrecida la noche
y desahuciada mi alma.

 

“¡María, cuanto te amé,
María, cuanto te amara.!”

 

 

©Autora Alicia Almeida*Diluz