Beatriz Blanca

LA ROSA Y LA ABEJA

Una càlida brisa jugaba

con una tierna rosa dormida

que gozaba cual niña mecida

al calor del sol que la abrigaba.

 

Una abeja que cerca pasaba

le zumbò con voz entusiasmada.

Ella se sintiò muy disgustada,

la osada abeja desafinaba.

 

Ofendida, le dijo la odiosa,

despertar mi sueño fue osadìa,

mi amigo sol muy serio dirìa;

tu voz asquerosa la destroza.

 

Asustada la pobre volò

muy lejos, de esa flor orgullosa

solo querìa ver a la hermosa

y esa rosa no la comprendiò.

 

Las rosas son solamente espinas,

dijo dolida la zumbadora

no tienen disposiciòn canora,

su belleza las hacen mezquinas.