Juan Senda

(((((((ROMANCE ARRABALERO (II))))))))

ROMANCE ARRABALERO (II)

 

Un día me la llevé a la costa Arrabalera,

 

 los dos nos fuimos en barca en una barquilla negra.

 

 

Al llegar a dicha playa y al saltar en sus arenas,

 

ya fondeamos la barca a cinco brazas de tierra.

 

 

 

Luego nos fuimos coger camarones por las piedras,

 

mejillones y erizos y algún percebe de cueva.

 

 

Volvimos hacia la playa y vaciamos la “pesca”,

 

en una  bancada limpiade aquella barquilla negra.

 

 

Al querer cocer aquello tuvimos que buscar leña,

 

y al no haberla en la playa,subimos por la ribera.

 

 

Cuatro ramitas de tojo lanzamos sobre la arena,

 

mas dos ramojos de uces fuimos dejando en la senda.

 

 

Luego subimos al monte en busca de leña seca,

 

pero al ver un escondrijo que se guardaba la selva,

 

con una alfombra de hojas, y otra alfombra de hierbas,

 

nos dijimos sin palabras…, ya llevaremos la leña.

 

 

Aquí se halla el lugar de nuestro sueño y quimera,

 

aquí podemos fundir la luna y las estrellas.

 

 

Allí ardía la luna, en el fondo de la hoguera.

 

Los dos tomaron venenos,los que te brinda la selva.

 

 

De amor quedamos dormidos, debajo de sombras frescas,

 

y al despertarnos con prisa de aquella preciosa cueva.

 

ya de repente nos fuimos a cocer aquella “pesca”

 

al borde del pedregal y al frescor de la ribera.

 

 

Y después de haber comido aquella sabrosa ”pesca”,

 

yo no sé como me fijo que en la sedosa muñeca,

 

de mi querida zagala le faltaba la pulsera.

 

 

Subimos por el sendero hasta llegar a la selva,

 

y al pasar al escondrijo cubierto de hojas secas,

 

hallamos el cadenote pisoteado en la hierba.

 

 

Y al besarnos otra vez otra vez vino la estrella,

 

para gozar de las glorias, y fundirnos en la hoguera.

 

 

En esto llegó el solcon brasas hechas de tierra,

 

y se las dio a beber al mancebo y a la doncella.

 

 

Y les dijo que gozaran de las brevas de la higuera,

 

y muriesen en las llamas, que tiene la barca negra.

 

La tarde se hizo noche, y la noche se hizo bella,

 

y ya en la barca mía satisfecho y satisfecha;

 

despacio vine bogando faldeando la ribera,

 

y al incendiarse la luna y sus volcanes de cera,

 

en susurros me llamó: “átame aquí la melena”,

 

y puestos en la bancada entre el banco y chumacera,

 

sus muslos bajo la noche brillaban como las perlas. 

 

 

Abrí las puertas del sol ya entré en la barca negra,

 

para volar en las glorias que me daba la doncella,

 

en la noche taciturna, que todavía recuerda

 

aquella zagala mía, aquella hermosa sirena,

 

que en mis brazos se mecía al vaivén de la marea;

 

mas cuando nos dimos cuenta, la barca varaba en tierra...

 

 

Saltamos en nuestra playa bajo la noche serena,

 

y al pasar por los arbustos, y al ver caprichosas cuevas,

 

de juncos y de  “taráis” con camas hechas de arena,

 

ella bajó su vestido yo me quite la chaqueta

 

y al besarnos otra vez, y otra vez, vino la estrella,

 

con su fuego abrasador para morir en la hoguera,

 

y en el fondo del volcán poderosa barca negra.

 

 

Lentamente fui quitando de su cuerpo blancas sedas

 

hasta descubrir sus carnes dulces, blancas y morenas 

 

mis manos mimando el  bello  y sus columnas de cera

 

iban calentando el horno y las sendas de su hoguera

 

Y mis labios en sus labios y sus manos en mis piernas

 

y el bracito blanco y rojo dilataba en llamas negras

 

ella se abría la boca dando suspiros y quejas

 

y cogiendo con sus manos mete el bracito en su  almeja

 

Que ya estaba al rojo vivo Muy jugosa y media abierta

 

Pues cogiendo mi bracito Lo introduce en su almeja

 

Grueso, largo y dilatado Se va metiendo en la senda

 

hasta la cuna de gloria hasta el fondo de su cueva

 

y mi boca devoraba  las uvas de la doncella

 

y jadeando le dije:ya está el torrente muy cerca

 

y vas a morir de locura cuando me abras las puertas

 

cuando quieras amor mío inunda mis carnes tiernas

 

y cuando saltó el flujo sobre el fondo de su hoguera

 

y ella se daba quejidos y yo mordía su lengua

 

y lentamente jadeando se calmaban nuestras fuerzas

 

y la almeja rebosaba de azúcar, agua y canela

 

y así murieron los dos en las ocultas arenas

 

de la playa que escribió las más hermosas leyendas

 

leyendas de carne y hueso con las más lindas doncellas. 

 

 

Después de pasar dos horas después de temblar la tierra…,

 

nos dimos un tierno baño, en la flor de la marea. 

 

 

Allí se quedó la noche, allí se quedó la estrella,

 

allí se quedó la barca, allí se quedó la selva,

 

y los amores más puros, y las caricias más tiernas,

 

y aquel dorado escondrijo donde quemamos quimeras,

 

haciendo gozar el monte los arbustos y la arena,

 

en una tarde de lunas, en una noche de estrellas,

 

hemos querido escribir…,la más gloriosa  leyenda...