Alma Erótica José Luis Agurto Zepeda.

¡Me voy de Poemas del Alma!

Managua, 21 de octubre, 2014

 

Otro día comienza y la rutina de siempre la siento pesada sobre mis hombros.

Me baño, me visto, desayuno –si hay- , sino, un café es suficiente. 

Ya no dispongo ni de un buen empleo y mi gente requiere de las necesidades más básicas, entonces pienso:

 “Es verdaderamente egoísta de mi parte seguir con esta mi insistencia de escribir, escribir y escribir por todo” 

 

Si estoy alegre, escribo; si estoy triste, escribo; si siento dolor, escribo; si siento alivio, escribo.

 

Pero, este afán de escribir no me está llevando a ningún lado, no pone comida sobre la mesa.

Este afán de escribir no paga la universidad de mi hija menor, ni compra su ropa, ni las medicinas, ni su recreación;  menos la mía, ni mi ropa, mi comida, mis medicinas –que a medida que pasan los años son más-

 

Este afán de escribir no me está llevando a ningún lado: No puedo agregarla a mi hoja de vida, si me preguntan: ¿Cuál es la mejor de sus cualidades?  No puedo responder, “hacer poesía”.

Si me preguntan: ¿Qué es lo que más le apasiona en su vida?  No puedo responder, “hacer poesía”.

 

Y la rutina sobre mis hombros me va cansando, hastiando y va creando en mí, ese desierto del que ayer les hablé y eran gritos que nadie escuchó.  Desierto que a más de uno o una exasperó. 

¿Quién no ha tenido momentos de desierto? ¿Quién  no se ha preguntado algún día: Para qué hago poesía?

Levantarse, prepararse, trabajar en lo que se pueda, te guste o no lo que haces y las horas transcurridas, son lápida que te sepulta día a día. 

Por la noche, llegar a casa, más pesado que ayer, más pesado que anoche, más pesado cada día y luego a dormir, para luego despertarse, levantarse, prepararse, trabajar en lo que se pueda, te guste o no lo que haces y las horas transcurridas, son lápida que te sepulta día a día.

 

¡Y luego me reclaman porque tengo sequía!

 

¡Por eso, por eso me voy de Poemas del Alma!

 

Hija:     ¡Papá, papá!  ¡Qué te pasa! ¡Despiértate!

José:     ¿Qué pasó?

Hija:      Te quejabas en la cama y decías cosas raras.

José:      Es que soñé que perdía mi alma, que de mi cuerpo se iba.

              Pero, ahora que desperté, el alma regresa a mi vida.

José:      Tráeme papel y lápiz

Hija:      ¿Para qué papá?

José:      Quiero escribir poesía.