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BEATRIZ OJEDA

Rayuela de cristal

Una mano atravesó mi pecho,

cruzó la tierra,

fundió el dolor,

partió mi canto lírico

en cuatro versos negros.

 

 

Jugó mi niña

una rayuela de cristal

Ganó su suerte:

“el cielo”

y apostando una moneda,

abrió sus manos

para encontrar de nuevo,

un diamante de ilusión.

 

Bajó una estrella

a mis ojos apagados.

Brilló otro día

y la sorpresa de la luz

se acostumbró al milagro.

 

 

Beatriz Ojeda

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