Raúl Daniel

¡Llámalo como quieras!

 

Una cosa extraordinaria

ha sucedido ayer:

En la ciudad de Asunción,

una tempestad, cual diluvio,

calles, casas, inundó,

pero, teniendo una cita,

¡allí estuvimos tú y yo!

 

Tuvimos dificultades

debido al temporal,

pues nos mojamos bastante,

mucho tuve que esperar

a que viajando llegaras,

mas esperé sin apuro

dos horas y algo más,

porque de algo estoy seguro:

A mis citas: ¡tú vendrás!

 

Y nos fuimos a un hotel

a refugiarnos, comer,

y estuvimos en la cama,

compartiendo nuestros cuerpos,

te me diste por mujer...

¡y suavemente te amé!...

pero me dices que tú

sólo me amas como amiga,

como hermana, sin poder

darme tu corazón,

como reclama mi amor.

 

Si tuviste que viajar

con esa feroz tormenta,

y mojándote llegaste...

para entregarte a mí...

¿Qué cosa te doy a cambio...

¡sólo mi amor!... y pretendes

que te crea esa mentira...

¡A quién quieres engañar!?

 

Fingiré que te lo creo

y nos seguiremos viendo,

seguiremos construyendo

lo que estamos construyendo,

¡Lo viviré... lo que sea!

... no pretendo convencerte,

y si esto no es amor,

tú, ¡llámalo como quieras!