Raúl Daniel

Agua y sal

 

A pocos hombres les toca una mujer así… a muy pocos,

sí, algunos como tú, en el azar de la vida,

una mujer les ama con exclusividad y fidelidad,

con sincera alegría, sometiéndose en todo

ante la masculinidad, doblegadas de amor y llenas

de ardiente fecundidad.

 

Sólo a unos escasos privilegiados una mujer, además linda,

les entrega el alma y la vida, para que les haga lo que le plazca;

y, durante varios años les acepte los caprichos de la ignorancia.

 

Pero no existe mujer capaz de aceptar tantos vejámenes

y tanta desconsideración como  de las que tú haces gala;

yo te he visto maltratarla, y me das vergüenza,

yo que te amo tanto, porque eres para mí como un hijo.

 

¡Cuántos quisieran encontrarla

cuando la hayas terminado de tirar!

¡Cuántos quisieran tener la oportunidad

que estás despreciando!

de ser feliz, junto a tus hijos y a ella.

Ahora la vez como a una ciénaga,

pero cuando te falte por algún tiempo

¡se transformará en inalcanzable estrella!

 

Yo la he visto amarte en tu pobreza, en tu simpleza,

la vi embarazada de ti, sin ningún papel firmado

que garantizara el compromiso que ella tomaba.

tú alegremente la menospreciabas,

como te has inclinado a hacer

con todos aquellos que no tienen dinero o título.

¡qué pena me das!, si supieras cuanto se extraña

¡a la mujer que te ha sabido amar!

 

Yo estoy con muchos inviernos encima,

mis primaveras marchitaron sus flores en los errores,

en los locos vicios, en el desquicio de los “casi-amores”;

me cuesta un esfuerzo inconmensurable explicar,

indicar los caminos a los que empiezan a caminar.

 

Un hijo… no te quieras excusar,

no es simplemente que ella te quería atrapar,

¡tú también participaste, recuerda que no te querías cuidar,

que te importaba más tu placer, lo que llamabas:

“La locura de los sentidos”, “El placer que Dios nos da”;

¡mentiras!, ¡mentiras!, simplemente vil egoísmo,

solamente tu machismo queriéndose expresar.

 

Ahora recogerás el premio, no vas a tardar en cosechar,

solamente se recoge lo que se ha sembrado:

dolor por dolor, ¡avaricia por mezquindad!,

no te equivoques, hijo, no te dejes engañar,

los que ahora se dicen tus amigos,

mientras puedas pagar sus borracheras, ¡te acompañarán!

 

Pero ella te atendió cuando enfermaste;

 cuando le pegaste, pudiendo, ¡no te quiso denunciar!,

el pago es lerdo, pero si es de Dios, ¡nunca ha de faltar!,

ten cuidado, te prevengo, atiende a tu pie,

¡donde lo estás por colocar!

 

Otras mujeres hallarás en el sendero

que caprichosamente quieres transitar,

no es que lo quisiera, pero sé esto:

¡que se cumple la ley universal!, beso por beso,

golpe por golpe, traición por traición,

y, al final conocerás el menosprecio,

ése que ahora ¡gratuitamente das!

 

La sal y el agua no perdonan,

¡tampoco esperes que a ti perdonarán!