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Raúl Daniel

¡Putita Mía!.. (PROHIBIDÍSIMO PARA MENORES)

 

Me dijiste que no creías que una mujer

pudiera ser fiel, ni aún casada;

no sé si creerte, tal vez tú sabes algo que yo no sé,

no solamente de ti o de tus amigas.

 

¿Han cambiado tanto las costumbres?,

¿será tan burda la hipocresía

y no me quiero dar cuenta?,

¿o juzgarás a todas por ti misma?

 

Me sorprendí muchísimo de tu comentario,

pero no te dije nada, ¿qué podría?,

acabábamos de estar tres horas en la cama

deleitándonos con el Kamasutra y el Tantra.

 

Te pregunté si te molestaba que te dijera “putita”

y me dijiste que no, que te gustaba,

porque así te sentías, que no eras prostituta,

pero te excita esa palabra.

 

Putita mía, ¡qué rica eres mamita!, ¡qué rica!

 

El mayor placer que tengo de ti,

es tenerte desnuda en la cama,

recorrerte a plena luz con mis manos y mirada,

masajeándote toda y besando tus mamas.

 

Te penetro suavemente en un ritmo lento,

dos o tres veces hasta la mitad y después bien adentro,

sin apurarme, con las ciencias milenarias del oriente,

excitándote con caricias y palabras, permanentemente.

 

Retiro mi miembro de tu vagina

y lo paso por su entorno con mi mano,

acariciando con él tu vulva y ano.

Putita mía, ¡qué rica eres mamita!, ¡qué rica!

 

Después beso los labios de tu rosa,

haciendo enloquecer con mi lengua tu clítoris,

tú suspiras y me dices que me amas,

yo te repito hasta el cansancio:

Putita mía, ¡qué rica eres mamita!, ¡qué rica!

 

Tú has sido de las mejores de mis alumnas de la vida,

has asimilado muy bien todo lo que te he enseñado;

de cómo comportarte y qué hacer a la hora del sexo,

a tal punto que mi pene sólo quiere tus besos.

 

Sabes ser activa, ardiente, pasional,

no te niegas a nada que te proponga,

suave y lenta por horas, mirándote en mis ojos todo el tiempo,

¡furiosa amazona en el momento final!

 

Hablamos y nos contamos todas las cosas,

soy tu consejero y amigo, con un trato paternal,

nos consolamos mutuamente con verdadero sentimiento,

nuestro amor no es fingido ni solamente carnal.

 

Entre otras me contaste, que una amiga tuya tiene seis,

uno para cada día de la semana,

¡es tan fácil ahora!, con el celular:

ponerse de acuerdo para encontrarse con los amantes.

 

Me dices que ya nada es como antes,

aunque tú eres un poco anticuada,

porque te conformas con tu novio, conmigo y dos más,

que está de moda tener varios “Amigovios”.

 

Que les llaman también: “Amigos con derechos”,

que todas las mujeres que conoces así andan,

y no se salva de este comentario

¡ni siquiera tu mamá!

 

Que días atrás, después de estar conmigo,

le visitaste y satisficiste a otro que fue tu novio,

con quien sigues entendiéndote, para terminar más tarde

con otro ex, que es tu vecino.

 

Con razón te gusta que te llame putita,

¡tres el mismo día!,

¡qué bandida eres mamita!, pero:

mi putita, ¡qué rica mamita!, ¡qué rica!

 

Me cuentas de las mujeres de tu familia,

de las del barrio, ¡todas promiscuas!,

deberé creerte, si yo mismo

¡ya me he acostado con dos de tus primas!

 

Y no voy a hacer uso de una doble moral,

porque no sé realmente si está bien o mal,

pero sí sé que quiero disfrutar el poco resto de mi vida,

y tú, mi putita, ¡eres tan rica, mamita!