gatoconbotas_58

Extraños en el tren (cuarta entrega)

Ciudades, dos ciudades,

monstruos carnívoros insaciables

de negros aires y amargos cementos,

la vida es frágil y muchas veces

se cierne solo en momentos.

[[[Niña déjame entrar a tu noche

seré hoy solo un efímero instante

un soplo tierno y suave, casi un beso.]]]

La realidad no es nunca amable

y la irrealidad se nos hace inalcanzable

¿Quién tiene la derecha?, ¿quién lo sabe?

Aquellos que miran en silencio a los amantes,

esos no viven ni sueñan, jamás supieron de eso.

[[[Tu carita de ángel, no, no despiertes

déjame desatar el lazo de tus cabellos,

quiero mirarte, tu sabes, no se tu nombre

ni lo que haces pero se que tanto te deseo]]]

¿Acaso sospechan que nada crecerá

porque el lienzo aún es blanco, solo tela y desvelo

y mis letras jamás serán ni pincel ni cuerpo?

¿Acaso piensan que somos millones de hilos

perdidos entre millones de tramas y telares?

[[[quiero hoy solo una palabra que te prolongue

y te acerque a mis ojos, quiero tocarte, abrazarte,

sentir que estás viva y que puedo llegar y encontrarte]]]

 

_ Aquí es más sencillo, afuera están las ciudades con sus edificios y sus grandes negocios, con sus calles y sus diagonales, toda esa gente que no mira a los ojos, todos idénticos, todos rutinariamente idénticos. Grises. ¿Cómo podría yo distinguirte?

_ Afuera está la soledad.

_ La soledad está afuera y adentro, va con nosotros, la llevamos de un lugar a otro.

_ No quiero estar sola.

_ Tal vez escapando de este maldito tren haya un futuro…

_ Tal vez cerca del mar.

_ Tal vez bajo la lluvia.

_ ¿Por qué llorabas?

_ Tú quisiste que llorara.

_ Sería lo último que podría yo querer.

_ No me importa morir pero me entristece tener que irme de aquí, aquí están todos tus recuerdos.

_ Mis recuerdos están en todas las paredes.

_ Tarde o temprano nos olvidaremos de todo y desapareceremos entre toda la gente, nos llevarán por delante, será el caos del día a día, será el caos de todos los días.

_ Aquí no hay ni más tarde ni mas temprano, el tiempo solo es uno, aquí no hay edades.

_ Aquí no llueve.

_ ¿Has visto caer la lluvia sobre los cristales?

 

Las luces se atenuaron aún un poco más y el vagón parecía hasta haber cambiado de color, pequeñas luces se encendieron desde la base de las paredes y todo se transformó en sombras alargadas, estábamos totalmente solos sin embargo pude sentir la presencia de una cierta cantidad de personas, comenzó a sonar “tiempo de decir adiós”, la tomé de la mano y la llevé hasta el “centro del salón”, éramos los primeros en salir a bailar cosa que tanto me había costado otras tantas veces, aquí no existía el pudor, solo la abracé suavemente con mi brazo derecho por su cintura y la mano izquierda unida a la suya casi a la altura de su hombro, su piel era tan suave como un pétalo y su rostro en la penumbra y su cabello largo, su mentón afilado, nos balanceábamos como si fuésemos un solo cuerpo, podía notar sus formas entonces la estreché un poco mas y nos unimos en el beso.

 

_ He visto caer la lluvia.

 

 

[[[Hoy, ayer, mañana…siempre,

la busqué hasta que se me cerraron los ojos:

soñé,

la vi, la tuve entre mis brazos,

nos dijimos tantas cosas,

balbuceamos,

nos temblaron los labios,

nos desfiguramos de cercanía,

de repente cada tiempo había perecido,

éramos uno y sin embargo éramos cada uno,

ella con sus cosas, yo con las mías,

fue fácil encontrarnos sin edades,

al fin y al cabo vivimos bajo las mismas soledades

condiciones tan soleadas y a su sombra.]]]