Beatriz Blanca

ELLA DETUVO SU BOTE

Detuvo ella su bote sobre las aguas inciertas;

sintiò a su lado el dolor ausente del amado;

comprendiò pàlida que todo habìa acabado,

ella arnonizò la escena con las horas muertas.


Atràs, ambiguos celajes se veìan viejos

de pùrpuras agònicos y apagados lilas,

en la tersura inmòvil de las aguas tranquilas

proyectaban un tenue resplandor a lo lejos.


Allà quedò la noche ante su invisible paso,

diluyendose lene en el silencio y la calma;

exhalando en el aire la tristeza de su alma

que comunicaba un nuevo matiz al ocaso.


Los frìos prematuros con sus rachas tan crueles,

despojaron sus sueños de sus mejores galas.

Lloraba triste su pena sin mùsica ni alas;

su desdicha sonaba cual veloces corceles.


Hacia un confìn incierto va su ave fugitiva

donde visiones vagas el pensamiento fragua.

Una tenebrosa tentaciòn traìa el agua

y con laxitud extrema, ella se lanzò altiva.


Luego todos los crepùsculos fueron tan bellos...,

inundàndolo todo con inefable empeño,

hasta la caìda de las hojas era un sueño.

La paz fue tan pura que se advertìa el destello.


De aquella estaciòn adversa quedaba el recuerdo,

porque en su despertar, una sombra taciturna

cantaa sola en medio de la cuenca nocturna

la fascinaciòn y misterio de aquel acuerdo.