Sento

Poema n° 3

Dulce el tono
de la canción diurna, durante la noche.
Poco a poco ameneció el plenilunio
mientras el sueño era nocturno,
sueño de vestidos verdes.

Rozadura de cabellos
forradas de miel, entran por la ventana
puliendo el aspecto
que siempre esta ensueños.
Entran bailando las hadas, de piel rosa-amor,
con agua vertiendo sus vestidos
volados de esporas.

Un toque de magia vertió
el sacrilegio del dolor en ojos ajenos,
un momento de satisfacción volátil
sufriendo la llegada del amanecer,
el amanecer que siempre despierta el dia,
despierta la cruda belleza a flor de piel
de arboles marchitos, destapados de la sombra.

Un abrir y cerrar de ojos
fue la canción nocturna.
Poco a poco rastros de vestigios
desaparecen para entrar en
la calma de la diapositiva
del recuerdo de una noche de guirnaldas,
de besos petrificados en su momento
de amor sentido y prometido.