Chloe

CAPÍTULO I. LA AVENTURA COMIENZA

Sophia era una niña nacida del viento, la formó de hojas y flores y una pequeña pizca de rayos de sol. Santiago era un niño nacido del agua, lo formó con lluvia fresca de verano y rocío de la mañana.


Sophia y Santiago eran hermanos y, aunque no fueron creados de un mismo elemento, el amor que existía en sus corazones era uno solo junto al de sus padres.


Sophie y Santi disfrutaban mucho jugar en el jardín, les gustaba imaginar batallas interminables contra feroces piratas. Saltaban y corrían, se divertían mucho, todo, bajo la mirada vigilante de su madre, que siempre tenía un abrazo listo para curar los pequeños golpes y caídas provocados por las batallas.


Un día, mientras jugaban, algo llamó la atención de Sophie, un murmullo en el viejo sauce, y decidió ir a investigar a qué se debía. Santiago, fue tras ella preguntándose qué podría haber distraído la atención de su hermana. Ambos alzaron la vista y vieron un papalote atorado entre las ramas del sauce, el tenue viento lo sacudía de a poco, pero no lograba zafarlo.

Santiago comenzó a trepar por el árbol, pero Sophia lo detuvo:

- mamá nos ha dicho que no trepemos, es peligroso

- sólo quiero el papalote, tal vez algún vecino lo perdió, o tal vez no y puedo quedármelo – contestó él

Sophia volteó hacia la casa, escudriñando la ventana de la cocina en busca de su madre, pero no estaba, así que decidió ayudar a Santiago, así lo harían más rápido y tal vez evitarían ser vistos.


Juntos treparon por las ramas, pero al irse acercando al papalote, se dieron cuenta que no era tal, al mismo tiempo estiraron la mano para tomarlo y…. pop!! Se encogieron!! Ahora se encontraban montados sobre el “papalote”, que no era otra cosa mas que un charamisco...