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Theo Corona

Manecillas de mi reloj


Muere la luz en mi aposento
Y mis manos están vacías,
Mi cuerpo arde de portento
Pues llegan a mí tus fantasías.

Siento los pesados parpados
Reclamar sus sueños embriagantes,
Y es el propio Morfeo gigante
Prontamente se adueña de mis prados.

El dulce encanto de la noche
Cubre lujuriante los jazmines,
Y se adosan los adoquines
En el fresco perfume que antepones.

En el delta de mi sueño naces
Y la riendilla cae abatida, alucínate;
Surgiendo la figura onírica en su cauce
Que conduce a tus brazos amada amante.

Y en esta sordina musical te digo
A tus oídos mis versos cual Eros,
Que renovando en cáliz de Cupido
Se entrega sin vacilación a ti de nuevo.

Eres ya presencia y esencia en mis sentidos
Y entre cielo, estrellas y luceros,
Me ofreces el candor de tus dos senos
Y se llena de gracia el tuberoso nido.

Estoy ya en la cumbre desvariarte
Sin conciencia, sin timidez, nada ambiguo;
Porque ha llegado el momento culminante
De entregar mi cuerpo a tu divino abismo.

Theo Corona

Jul., 2014