Jose Arcadio Libertad

MORIR A LAS SEIS...O UN POCO ANTES.

Vino a mí, la muerte,

desnuda y sin prisas

se adueñó de mi tarde.

No bastaron sus heraldos

en la parodia del tiempo

para borrar mis unicornios urgentes…

Tan solo fui,  por fin,

mi propia imagen en el espejo.

Hicieron mutis las seis menos cuarto

y los ojos lindos del universo

cerraron para mí sus párpados

inclementes

y vinieron estas putas ganas de hacerlo todo de nuevo

de no escribir epitafios

de extirparle un tumor al horizonte lejano

de contarle a ese último sol colgado del limonero

sobre unos ojos hermosos

sobre un país extraviado

de contar una por una las auroras que me quedan

y de charlar con el viento

y de abrazar las ideas.

¡Y cantar!

¡Y bailar ese tango de rubores postergados!

Pero no,

el vértigo aplastó la Utopía

Inerme ante la conciencia.

Fue urgente ser uno más en este concierto de zombis

un número rojo

en el azul profundo

de mis remolinos fantásticos

una sombra desvanecida en estas seis menos cuarto.

Y sin embargo, generosa

la muerte me despejó el horizonte

y me ató

al último resquicio que me queda

este día

esta pluma

estos amigos

y el temblor comunicante

de mis dedos mensajeros

reforzando la burbuja…

hasta su nueva visita.