jesusmoreno

Energía

Seremos por siempre una raza que espera, que cree y que anhela. Nuestro cuerpo se deteriora con los años, la piel se agrieta, nuestros sentidos se agotan hasta poco a poco quedar inútiles. Bajo el clamor de los vicios y las desventuras, nuestra existencia se estigmatiza con señales que nunca se desvanecerán, nuestra memoria es una herida abierta que no sana. Fuimos atados en este Cáucaso llamado mundo con cadenas irrompibles; condenados a la eterna tortura. Hace mil años sufrí, hoy lo hago y si el mundo continuara, seguiré sufriendo. Mi energía se traslada a través de los siglos animando todo cuanto toca, pero en este instante atenta con dejarme exánime con su partida ¿A dónde querrá ir? ¿Qué lugares maravillosos conocerá? Desearía animar el cuerpecillo de un ave pequeña que vuela alto, más arriba de las copas de los árboles de una frondosa selva, y se posa risueño en cualquier lugar buscando alimento; vivir en el barullo de las alfaguaras, el ulular del viento y los graznidos de los habitantes de la selva virgen.

Pero ahora mi energía se estaciona en mi cuerpo que acurrucado se encuentra en un rincón de la habitación, con sigilo contemplo a través de la ventana que da a la calle a los transeúntes que surcan la avenida, unos van muy apresurados, otros no tanto, piensan en proyectos, otros en cocinar, algunos piensan en un ser especial, otros conciben la maldad; la energía que fluye en su interior es luminosa, en los jóvenes, y en algunos ancianos también (los eternos niños) que ven un elefante dentro del estómago de una boa constrictor y no un sombrero.