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john morales arriola

Liras (libres).

 

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Ay, si tú lo supieras,

que el jilguero grisáceo no canta

de las tantas esperas

la tarde se levanta

cual muros de la Jerusalén Santa.

 

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Venid conmigo ahora,

a recoger de tus manos los cielos

que caen de tu aurora,

como ángeles en vuelos,

en un beso que desgarre tus velos.

 



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Desde tu fina piel

hasta tu sonrisa ninfa azarosa

encuentro un verso fiel

por donde va la prosa

en liras de tu poesía hermosa.



 lV

 

Digamos pues ahora,

cada célula de mi ser heraldo

abatido te llora,

como sol color gualdo

 que refleja sus sombras en el pardo.


           

 V

Hagamos hoy un pacto

ahora, junto a ésta grandiosa luna

un mitológico acto,

sin más tristeza alguna,

sólo dichas brotando de tu cuna.

 

 

VI

Hay para ti una viña,

que muy labriega esconde mi morada

tu garbo la escudriña

al dar la madrugada,

¡sueño con tus cielos mi bienamada.

 

 

VII 

A mi llegaste eterna,

cual bello recuerdo  en mi memoria,

como siglo que inverna

un ósculo de gloria

y queda en mi sustancia como historia.



VIII

Si de tu voz cayera

los tejidos de mi carne, al humano

Por la fatua pradera,

donde el necio pagano,

ha muerto, holocaustas tu voz en vano.