Mario Alberto Portillo Lopez

¡PERDIDAMENTE...ENAMORADO!

Tu virginal pureza fue mía, 

tu inocencia la perdiste 

entre mis brazos; 

de tus delirios en ladrón 

me he convertido 

y despojado de razón 

a tu santuario. 



Vigorosa pasión que tú desatas 

embriagadora como el vino; 

mariposa enamorada, 

el cielo resplandece a lo divino. 



Mujer de torrente embeleso, 

poseedora de un ánimo travieso; 

la timidez fue tan solo la trampa 

para caer de tu belleza preso. 



Eres tierna y bella 

como la estrella que centella 

más allá del infinito, 

consuela a este corazón que te ama, 

conquistado afán en un suspiro. 



Dime que me amas 

con ese timbre de voz 

tierno y fino; 

deja que tu voz me arrulle 

como las olas de un mar que bulle 

que al llamado de una playa acude. 



¡Coqueta! 

resuelta en gracia 

irónica y artera, 

zagas y rapaz 

como una pantera 

son tus curvas hechiceras. 



Derrámate en mí 

empapada de tu húmedo roció. 




Conquistada esta tu presa 

en la brusca tempestad 

de tu pasión, de tu lujuria; 

sofocado el corazón se apresta 

al desplome implacable de tu furia. 



¡Ay, pobre de mi! 

Al descubrir 

que no eras tu… 

sino yo el que te amaba. 



¡Piedad! 

eres causa de mi dicha 

de mi dolor… de mi desgracia, 

de la mas dulce agonía 

que estremece y desvaría. 



¡Piedad! 

Para este que se humilla 

postrado y de hinojos, 

que te ama con inútil afán 

de no someterse a tus antojos. 



¡Piedad! 

Para quien arrebato 

la inocencia de tu rostro, 

para quien hurto el arcoíris 

de tus ojos; 

para el insolente que creyó 

seducir a la doncella; 

y que sin alma se quedo 

al sucumbir a su belleza. 



Autor: MARIO ALBERTO PORTILLO LÓPEZ.

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