Raúl Daniel

Ladrones de felicidad

Ladrones de felicidad

 

Están en todas partes,

aunque no son Dios,

nos acosan a todos,

los veamos o no.

 

A veces se disfrazan de vecinos,

otras, profesores,

parientes, sacerdotes,

damas honorables, pastores...

 

En realidad son ladrones,

delincuentes vulgares

al servicio del mal,

impostores...

 

Nos quieren enseñar moral,

y nos esclavizan

en sus fábricas

o ante sus televisores.

 

Son los ladrones de felicidad.

 

No te dejan amar

ni te dejan alegrar con el vino

ni bailar...

 

Barrotes a tu conciencia

en nombre de una ley antigua

(abolida)

 

Barrotes a tus manos

en que se derriten caricias.

 

Tu sed se agiganta

en la pasión de la vida,

tu sed de semental

o la tuya, de hembra encendida.

 

Y te enseñan a ocultar,

a arañar desesperadamente

retazos, migajas, jirones,

a mirar para otro lado

y negar las emociones.

 

Ladrones...

vulgares ladrones;

te someten con el miedo

a un Dios que no existe...

 

El que hay es de amor,

y se bajó del cielo

para darnos el perdón.

 

Quitándose sus ropas majestuosas,

como Hijo,

como Maestro,

como Cordero...

 

(Me gusta imaginarlo

con el joven Juan recostado en su pecho,

una copa de vino en la mano

y sus ojos tiernos...)

 

Ven tonto, tonta...

no hagamos caso

a esos mentirosos...

 

Amemos.