Con el alma vacía y distante,
en el declinar de la tarde,
se va despidiendo;
con la mirada fría
y la inquietud de siempre,
como las hojas de otoño
que ruedan y ruedan sin rumbo
hacia un destino nuevo.
Así como un día vino,
ahora se va.
No sé si a tiempo o no,
aunque la muerte no mira el tiempo,
te sigue, callada y fría.
Adiós, amigo.
¡Adiós, recuerdos gratos!
Ya se siente el frío de tu ausencia.
Ya la lluvia llora pausadamente.
Ya la tierra te cubre en silencio.
Ya tus manos se despiden
con nostalgia e imágenes vivas.
Ya el verde cubre la amarga tierra.
Ya la noche te espera eternamente.
Ya agosto brilla en grises.
Ya tu nombre mira al cielo
resistiéndose a partir.
Ya las lágrimas se comportan.
Ya la vida sigue así.
¿Qué hora es?
Ya no importa.
Adiós, amigo, adiós.
— LMML.