Coty

Quiero un Jardín...

Un jardín donde no exista el olvido

y donde soñar siempre esté permitido.

Y cada semilla fructifique en recuerdos,

pensamientos locos o pensamientos cuerdos.

Árboles que se dejen abrazar tiernamente

y sombras frondosas para reposar frecuente.

Una grama suave para tumbarse de espaldas

y dejarse arrullar en sonidos del alba.

Rocío y trinos, hermosa quietud, deliciosa calma;

despertar los sueños que quedaron dormidos,

inspirados en pájaros que construyen nidos.

Flores diminutas, gráciles mariposas;

Hierbas testarudas, abejas afanosas.

Festín de colores, formas y sabores

gorgeos, aleteos y cientos de olores.

Y en esta explosión de sentidos,

que nada se quede desapercibido;

pues donde convergen alba y crepúsculo

 todo es apreciado en tono mayúsculo.

En tan sorprendente y mágico santuario...

¿acaso otro Narnia sin bruja, ni armario?

Colibríes, insectos, voraces gusanitos;

paisajes hermosos, estanques bonitos.

Riachuelos cristalinos, y vuelos de libélulas,

presenciar el milagro de reproducción de células.

 Y todas esas brújulas que no encuentran norte

sientan este espacio como fiel soporte.

La tierra donde el sembrador evoque parábolas

y donde los poetas descifren sus cábalas.

Senderos sinuosos para andar descalzos,

y que  en su espesura se definan trazos.

Un sol que ilumine como la esperanza

y una lluvia que moje más que a la labranza.

Un patio de juegos para volver a ser niño,

y donde las familias derrochen cariño.

El espacio preciso para alejarse de vicios

y olvidar por completo lo que saca de quicio.

Reunir amigos que sobrevivieron años,

a la lumbre de hogueras y canciones de antaño.

Coquetearle al sol con la luna llena;

dejar escapar risas, en alegría plena.

El sitio de descanso para hacerse viejo

y examinarse en el pozo como en un espejo.

Tardes reposadas que alivien cansancio

y escucharse la voz en el propio silencio.

Espacio de afecto para los hermanos

y todos los que precisen estrechar sus manos.

Padres, hijos, niños, jóvenes y ancianos;

y que nunca falten los enamorados.

La dimensión precisa donde Su Mano te acaricia,

presente en todo, porque Él te habita.

Un jardín hermoso donde todo concluya...

la Vida misma,

el Amor,

el Afán.

Decir convencido.. ¡no huyas!

El final del camino, la noción de destino.

El Jardín que resume la Vida...

y la Vida, que lo resume a uno mismo.