Murialdo Chicaiza

CADA VEZ......

Cada vez que miro

desde mi balcón el cielo

y su seguro y aparente fin

en el horizonte azul

trazando un azimut

con los seres celestiales

me encuentro.

 

Traspaso

el velo de verdes hojas

encaramadas en los troncos,

las nebredas y cortijos

se tejen en el suelo

sembradas de esperanzas

con frutos de la fe

cubiertas de maduras semillas.

 

En las vertientes y ríos

observo a las náyades

graciosas y traviesas

cual gaviotas

en un mar estrecho

de espejos derretidos

que emiten ecos

de energía, rumor, vida.

 

Las muselinas de algodón

caprichosas se reparten

obedecen a su señor

el viento del norte

con su soplo imperioso

las junta, las dispersa,

mientras tanto

en mi balcón

continúo observando

y una voz interna me dice:

 

Todo caballo deja

sus huellas al paso.

¿Acaso esto no constituyen

las huellas?.

Pues la naturaleza

y sus elementos denuncian

la gran obra que no cesa.