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Raúl Daniel

El Testigo

El Testigo

 

Alma angustiada

que inquietas tus noches

en lento derroche

de vida en las horas

en que a ratos gimes,

en que a ratos lloras...

 

Quieres ser llenada,

quieres ser saciada

y todo procuras...

y no hallas nada.

 

Siempre esperando

que algo suceda,

¿perdiste la cuenta...?,

¿cuánto tiempo esperas...?

 

En tus soledades

y en tus amarguras,

en las vejaciones

¡y en tantas traiciones!

has desesperado...

 

Miraste el cielo

buscando señales

y viste, de pronto

nacer una estrella,

se mueve directo

hacia el occidente

¡corre tras de ella!

 

Los mapas astrales

que estudiaste tanto

te hablaron un día

de una promesa:

¡Mostraban a un Rey

lleno de grandeza!,

¡no podías creerlo...

después del vacío

y de tantas tristezas!

 

Cuan esperanzado,

de pronto estuviste

y lo compartiste

con los otros magos

que tu fe profesan.

 

Alma del oriente,

savia, que suspira

por una existencia

que no tenga muerte,

que sea sólo vida...

¡Vida solamente!

 

¿Que promesa es esa

que el Dios de los cielos

escribe con dedo

de luz, en la estrella

con cola radiante

de veloz cometa...?

 

Alma solitaria

que piensa en las noches

e indaga la ciencia,

tus largas plegarias

fueron contestadas

y no dudes nada:

¡persigue esa estrella!

 

Has tenido sueños,

Dios te ha hablado,

¡sabes que fue Él...!,

te ha dicho que un niño,

Su Hijo ¡ha nacido

allá en Israel!

 

¡Te sientes alegre!,

te llegó La Vida,

prepara regalos,

¡debes ver al Rey!

 

Alma solitaria

que indagas estrellas,

que buscas vestigios,

insaciable, inquieta,

que apenas dormitas

¡y estás siempre alerta!,

¡tal vez haya vida

en otros planetas!

 

Tú no te engañaste

con vanos placeres

ni con las riquezas...

golpeaste del cielo,

la puerta correcta

y el premio recoges:

¡captaste el mensaje

escrito con fuego

por el mismo dedo

de Dios en la estrella,

que bella, destella

con radiante cola

de veloz cometa...

 

Tu magia fue cierta,

mago de otras tierras,

tus ansias satisfechas,

hallaste la ciencia

por la que Dios habla

desde las estrellas.

 

Tu fe fue la llave

que abrió la puerta:

creíste y viajaste

al lejano pueblo,

¡al Rey encontraste

y ante Él pusiste

lo que le llevaste

(con tus compañeros),

tesoros de incienso,

de mirra, de oro...

y ¡tu agradecimiento!

 

Alma que en la magia

la ciencia ha bebido,

ya no tienes miedo,

ya no estás vacía,

de Dios, la paciencia,

el tiempo cumplido

te ha alcanzado,

has sido testigo

del Amor, que en forma

de niño ha nacido:

Jesús, ¡El Mesías!