Eugenio Sánchez

CULTIVO DE PAPA

  Van los mingueros, lampilla al hombro 

a shigullar las papas allá  en la loma, 

el dueño de la chacra  con botella en mano 

y cargando la alforja de coca. 

 

Sentados sobre  la pirca echan el bolo,    

mientras  vuela la perdiz abandonando el nido, 

 la nubes blancas  pasan  lentamente  

 en el azulado cielo andino. 

 

El sol calienta   a la tierra y la hace fértil, 

el viento extiende el perfume de las flores, 

fumarolas  blancas exhalan las praderas   

y en el dulce  aroma a  tierra húmeda me regocijo.  

 

Don Redulfo  Reyes  con  su  caja y flauta,  

arranca   sus melódicas   tonadas 

que  alienta  a los mingueros   

y empieza la jornada. 

 

El huayra  toma la delantera 

y al son de la caja caen los lampillazos, 

 van  y vienen, van y vienen,  surco  a surco 

bajo el abrasador sol julcanero. 

 

Don  Evaristo, el dueño de la chacra, 

 va repartiendo la chicha  ensoñadora, 

que da valor y da fuerza a los tendones 

y cual  néctar milagroso     endulza   el alma . 

 

Ya es hora de almorzar, todos   votan el bolo, 

en una esquina de la chacra, la cocinera 

 con las ollas  humeantes, repletas

 con cecina de vaca,  papas y  mote de trigo. 

 

El perro  mira triste esperando un descuido,  

o esperando  los restos, cuando todos se hayan ido.  

“Salú, salú  con la chicha de jora 

que la chacra está de nuestra cuenta”. 

 

 Entre risas conversas y caleadas, 

va quedando la tierra removida;  

 el cajero  borracho ni sabe lo que toca, 

que importa eso, si la papa ya está shiguillada.

 

Eugenio Sánchez