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El árbol de Manzanas.

Había un hombre que soñaba con la manzana más dulce que pudiera existir, y que al morderla, el jugo le saliera por los labios dejando un rastro de felicidad en los ojos.

Sin pereza, el hombre se puso a plantar un manzano, mimándolo, regándolo o y cuidándolo con todo cuidado.

El manzano, mientras crecía, así lo sentía, y quería demonstrar al hombre lo agradecido que estaba de su cuidado y mimo. Le preparó una manzana única, que quiso protegerla de los pájaros, ocultándola detrás de muchas hojas.

Un día, el hombre observó que había muchas manzanas en el árbol, pero una y solo una, le llamó especial atención.

Se subió al frondoso árbol con mucha dificultad, pero cuando llegó a su destino, observó que la manzana que él tanto había ansiado provenía de una rama del manzano que su vecino había plantado y que se entrecruzó con el suyo.

Aunque decepcionado, escuchando su voz interior, bajó del árbol dejando allí el objeto de su deseo.

Sin embargo, eso no pasó desapercibido por el árbol, que se enorgulleció de la acción del hombre, pues así es la naturaleza.

Pasaron los días y el hombre siguió tentado a coger esa ansiada manzana, pero al final se resistió.

Un día le llamó su vecino y le trajo una preciosa manzana. El hombre, que conocía cada matiz de su ansiada manzana, llega a dudar si era ella o no. Sale corriendo y comprueba que no, y que seguía atada a la rama del otro árbol.

—He visto cómo admirabas a mi manzana, como subías al árbol, y como, decepcionado, bajabas de él sin cogerla, y eso es admirable —pronunció el vecino y continuó—:  He visto, también, como crecía esta manzana que te traigo, que es tuya, que procede de tu árbol, pero que estaba oculta en medio de muchas hojas y por eso no la habías visto.

 El hombre tomó la manzana y la mordió, como había soñado y deseado. Le corrió el jugo por los labios, como había soñado y deseado. Pero algo estaba pasando con su sueño. Había soñado y deseado que la felicidad se viera reflejada en sus ojos y no. Curiosamente veía felicidad en los ojos de su vecino.

Entonces comprendió que la verdadera felicidad la percibirás en los ojos del vecino, cuando eres capaz de entender y respetar su sueño…