la negra rodriguez

PROLETARIO III

Su otra parte, la que cuestionó su miseria,

la que se rebeló contra ella, la que tomó conciencia

 del por qué de las desigualdades de cunas,

se quedó a sembrar utopías, a penetrar en los barrios marginales

llevando como estandarte de lucha sus sueños.

 Reunió pobladores salió a las calles,

trago gases lacrimógenos, plantó banderas, tejió esperanzas.

Unas veces aceptado, otras veces repudiado

porque  a los que luchaban por una  nueva sociedad 

se les decía “comunistas ateos”;

pero, aun a pesar de ello, fue le hijo predilecto de las masas

 y fue perseguido,

 y en tiempos de dictadura fue un desaparecido.

 Apoyado  en la  clandestinidad

 se  lo escondía tras disfraces y nombres cambiados.

Y así se internó en la montaña para desequilibrar el sistema

 desde las entrañas mismas de la necesidad,

desde  la consciencia de clase

 de los seres más olvidados de los gobiernos

 y desde ahí nació multiplicado altivo, rebelde.

Llevaba en su corazón  banderas rojas de  lucha

Que enarbolaban la esperanza,

 y en su conciencia cual ideal

 las utopías, que marcarían el camino de su accionar.

¡Y es entonces que nacicieron

 el hombre y la mujer nuevos latinoamericanos!.

De piel  negra, roja  mestiza, con un corazón  fuerte como el hierro

para la lucha para la entrega,

pero  blando como el manglar para el amor a su pueblo;

fuerte como el guayacán para erigirse en sus convicciones

pero fresco  como la hierba de sus campos.

 Y como sus campos fecundo y bueno.

Ciudadano latinoamericano, de piel de esperanza

 de  alma guerrera,

¡Tú eres el que está abriendo los caminos

hasta la consecución de las utopías de los caídos

 y las tuyas propias!

¡Tú eres, yo soy ellos son! 

Somos miles, que avanzamos

 A paso certero,  a paso de gigantes

¡La nueva sociedad está abriendo sus puertas!


QUIEN NO LUCHA POR UN IDEAL 

TIENE EL ESPÍRITU MUERTO.