Donaciano Bueno

De Soria a Aranda

Voyme yo de Soria a Aranda de camino,

arropado por los pinos y encinares,

con mis albarcas y bota de buen vino

para facer llevaderos mis andares.

 

Marcho liento, trashumante peregrino

en busca de trovadores y juglares,

de los bribones tratantes de bovino

o de arcanos facedores de cantares.

 

El Duero, rio que pesado va de amores

yace o va, se engrasa y silencioso pasa

y esparciendo generoso va su grasa

para orgullo de sus nuevos pobladores.

 

Anda y se desanda y a veces agranda

trazando en su recorrido garabatos

restos, reliquias, señuelos, arrebatos

de posadas, de mesones y de viandas.

 

Retazos plasmo que van de Soria a Aranda,

con retratos que de abates y pastores

y reinatos fenecidos por traidores

a causa de tantas guerras zurribandas.

 

¿Do quedan ya los vetustos carromatos?

¿do está el arado romano en sus labrares?

hoy las bodegas, los tinos, los lagares

de pena están reclamando su alegato.

 

¡Oh altas torres de las iglesías pías

abarzadas a sus fieles cigüeñales

en casa noble algún blasón, los trigales,

vestigio ya son de la memoria mía!.