LIZ ABRIL

ELISA

El humo del sahumerio ascendía dibujando espirales en el aire. Marta lo miraba fijo, como si en el mundo, en ese momento no existiera nada más importante.

No debería estar allí. Sentada frente a esa mesa pequeña con el mantel blanco bordado con flores blancas.

Miró a su alrededor. El ambiente era cálido, había bonitos cuadros en las paredes de color durazno. La luz de las velas acentuaba aún más esa calidez. La espera se estaba haciendo interminable. El olor a sándalo se mezclaba en pequeñas oleadas con el de la cera de los muebles. Por fin se abrió una de las puertas e hizo su entrada una mujer no demasiado alta, ni demasiado baja, con el cabello suelto rizado y de un tono rubio ceniciento. Una mujer común, como cualquiera de las mujeres que conocía. Como alguna de sus primas o sus amigas. No era lo que esperaba. Por supuesto que no era lo que esperaba. Había imaginado que tendría puesta una túnica y un turbante. Éste pensamiento le provocó una sonrisa, que por suerte, pudo disimular. La mujer estaba vestida con unos pantalones de jeens y un camisa amplia de color azul, que de paso combinaba de forma perfecta con sus ojos. Tenía una mirada dulce y acercándose, le tendió la mano y luego la invitó a sentarse.

- No estés nerviosa.

Le dijo mirándola directamente a los ojos.

- No puedo evitarlo.

Se sintió repetir a si misma, con una voz temblorosa. No podía dominar tampoco el temblor de sus piernas.

- Bueno, quiero que me cuentes cuál es el problema. Yo no voy a resolverlo, pero puedo ayudarte a ver cuál es el camino que más te conviene.

Marta no sabía exactamente por dónde comenzar. Le contó que conoció a Carlos cuando los dos estaban en la secundaria, ella en el primer año y él en el último. Le contó que a través de los años habían habido muchas peleas y muchas reconciliaciones. Que él había sido su primer hombre. Incluso el que le dio el primer beso. Le contó que después de su última pelea de esa época ella se había puesto de novia y a los dos años se había casado con otro. Que él había hecho lo mismo y que durante diez años sus caminos no se habían cruzado ni una sola vez.

Elisa la miraba y parecía absorber cada una de sus palabras. Abrió una caja de madera que se encontraba sobre la mesa y sacó las cartas. Eran unas cartas grandes, con unos dibujos extraños, que ella, nunca había visto.

- No les temas, sólo es un camino para llegar al fondo de tu alma. Ellas te van a ayudar a reflexionar. Sólo son una vía para acceder al conocimiento sobre ti misma.

Ahora si que Marta pensó que no tendría que haber ido a esa casa, la mujer, esa tal Elisa o como se llamara en realidad, estaba totalmente loca. Cómo iban esos pedazos de cartones pintados saber algo sobre ella. 

- Mezcla las cartas boca abajo al menos siete veces. Tienes que concentrarte en tu vida, en lo que deseas saber, en lo que te pasa.

Marta comenzó a hacer lo que Elisa le pedía. Cuando terminó le pasó las cartas. Ella las tomó y formando un abanico le pidió que eligiera cinco. A lo que Marta también hizo caso. Ella las dio vuelta y volvió a meterlas en el mazo. Volvió a abrir un abanico sobre la mesa y le pidió que sacara doce cartas. Cuando terminó con ésto le pasó otra parte del mazo que estaba sobre la mesa, le hizo mezclarlas, sacar doce cartas, se las pasó nuevamente, le hizo sacar cuatro y después volvió a juntarlas otra vez. Todo ésto era demasiado complicado para Marta.

- Ahora veremos... Dijo Elisa dibujando una sonrisa en su rostro. Marta pensó salir corriendo en ese preciso instante. Pero la curiosidad era mucho más fuerte que su desconfianza. Recién ahora pudo percibir una música suave que salía de algún lugar del cuarto. Y pudo reconocer la Sonata \"Claro de luna\" de Beethoven ejecutada magistralmente en un piano. No se explicaba cómo no había captado el sonido de la música antes.  El corazón le latía apresuradamente. A medida que los segundos transcurrían más ganas tenía de salir corriendo.

- Tienes una gran voluntad, fuerza, tú tienes el poder de transformar las cosas, viene un gran cambio en tu vida. Termina un ciclo. 

- Pero esa carta de ahí... dice \"la muerte\" Acotó Marta con un hilo de voz. El dibujo la impresionaba.

- La muerte no siempre implica la muerte del cuerpo. Está indicando el fin de una relación o de una situación que se daba y que dará paso a un nuevo comienzo. Pero ya te dije, eres tú quien debe tomar la decisión, tú eres \"el mago\" en la historia de tu vida.

- ¿Y ésta de acá? - Se está refiriendo al dinero, a cómo manejas o enfrentas las situaciones relacionadas con él. Acá dice que el dinero proviene de un trabajo en el que brindas un servicio, puede estar relacionado con la medicina o el comercio. Lo que debes aprender es a no hacer gastos innecesarios que puedan acarrearte deudas, creo que tienes una tendencia a malgastarlo.

Marta miró las cartas mientras pensaba que esos pedacitos de cartón sabían realmente algunas cosas. ¿Sabrían también de esa cartera que se había comprado en la mañana y que no necesitaba para nada? Señaló otra que estaba al lado de la delatora.

- Ésta parte de la tirada se refiere a tu relación con los vecinos o personas que tratas cotidianamente. Evidentemente estás alejada de todos. Prefieres alejarte a pensar, ansías estar sola, aunque...

- ¿qué?

- tal vez hay un compañero de trabajo que está enamorado de ti y no te has dado cuenta.

Marta pensó que ésto del tarot se estaba poniendo interesante. Se había dado cuenta que Marcos la miraba, incluso la había invitado a salir una vez, pero ella se había negado gentilmente diciéndole que tenía otro compromiso. Pero en realidad quería estar sola y tranquila para pensar. 

Elisa fue trasmitiéndole parte por parte lo que las cartas decían de ella, de su vida, de sus pensamientos, de sus amores pasados, de la relación con sus padres, con sus amigos. Por supuesto que dejó para el último lo que a ella realmente le interesaba en ese momento. Lo que la había hecho ir hasta su casa.

- Él sigue casado. No es feliz. Pero no veo un corte. Simplemente si la relación sigue no pasarán de ser amantes.

- Pero me dijo...

Se mordió la lengua. No quería darle ninguna pista. Elisa era quien debía decirle. ¿Acaso no era la adivina? De todas maneras ella no le había dicho en ningún momento cómo era la relación.

- ¿Quieres hacer una pregunta con respecto a ésto? ¿tienes dudas? A lo que ella asintió con un gesto. Nuevamente realizó todo ese largo proceso con las cartas. Y le dijo que formulara la pregunta en voz alta.

- ¿ Realmente que va a pasar con nuestra relación?

Elisa dispuso las cartas de distinta manera que la vez anterior. Y fue dándolas vueltas una a una, lentamente, mientras las contemplaba asentía con su cabeza como si le estuvieran diciendo algo.

- Él te ama. En su casa hay muchas peleas por celos, mucho egoísmo. Son discusiones muy fuertes. No hay posibilidad de reconciliación. Mientras Elisa le decía ésto ella  no podía evitar una sonrisa.

- Pero no saldrá de ahí... 

Dijo mirándola directo a los ojos, como era su costumbre.

- Tiene hijos y no va a dejarlos nunca.

Ella recordó lo que Carlos le había dicho esa mañana. Le había mencionado que algo iba a cambiar. Y luego, le había dicho que no sabía si algún día podría vivir en un lugar donde no lo hicieran sus hijos. Que sabía que ella quería que compartieran más tiempo. Y que él quería estar más con ella. Que no lo dejara. Sintió cómo corrían las lágrimas por sus ojos. La mano cálida de Elisa se posó sobre la suya.

- Está bien. Ya no quiero saber más.

- Todo depende de ti. En tu karma es momento de renacer. Tú eliges. Tienes dos caminos. La decisión es solamente tuya. Al decir ésto Elisa se puso de pie, dando por terminada la visita. Ya no era una desconocida. Todo cuánto había dicho era cierto. 

- ¿Pero el tarot no dijo cuál es el camino que debo tomar?

- Tu corazón sabe cuál es el camino, eres tu quien toma las decisiones, ¿no te acuerdas de lo que te dije al principio? tu tienes el poder, la fuerza, la voluntad, la convicción, tú eres \" el mago\"

La acompañó hasta la puerta, el aire frío de la noche junto con una fina llovizna le golpeó la cara, se abrazó a Elisa y le dio las gracias.

Y en ese preciso momento decidió comenzar una nueva vida.  Porque ella, en el fondo de su alma sabía a ciencia cierta que Carlos nunca iba a salir de esa casa. Y ella nunca se lo iba a exigir.

Caminó algunas cuadras bajo la llovizna gris. Dejando que las gotitas rodaran por sus pestañas.  

- Hola...

Era Marcos, su compañero de trabajo.

- Hola.

-\'¿ Qué haces con este frío? ¿quieres que te lleve a tu casa?

- Si, está bien... No traje paraguas.

La llevó hasta la puerta de su casa y cuando estaba por bajarse del auto le comenzó a decir que ella le gustaba, que hacía tiempo que sentía... (Por alguna extraña coincidencia en la radio sonaba el \"Claro de luna\" de Beethoven).  

Creer o reventar, como dicen.

¡Creer o reventar!