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Alek Hine

EL ADIÓS

                                                              A mi madre, in memóriam

 

La tarde moría, mostraba su pálida

y lúgubre faz; del mustio jardín,

vestían los árboles sus tonos de gris;

el Sol del ocaso bajaba sus pálpebras.


Flotaban las notas estériles, áridas,

del trino del ave —su infausto plañir

llenaba de endechas el aire sutil—;

los ojos mohínos vertían sus lágrimas.

 

El llanto funesto permeaba la tierra

fecunda, ¡brotaba del suelo la pena!;

las flores soltaban un fúnebre olor

—jazmines y rosas de aroma elegiaco,

jacintos y violas de efluvios aciagos—,

natura sabía del trágico adiós.