Yo no busqué cántaros azules en perros que lamían manos de estatuas grises.
Yo no dije -día- para romper el espanto de una noche que olía a cadáver. Con perfume de madre.
Yo no hice de la herida, un poema. Ni el poema se hizo sombra para perderse en el péndulo de horas que son soldados de guerra.
Yo no quise que alguien acudiera a mi casa. Se sentara en mi puerta y esperara por mí. Por el amor que le di y que de su recuerdo, no llega.
Yo quise todo esto, pero ves que no esperaba. No esperaba que alguien se saliera de mi huella y trazara caminos para santiguar el sueño, con la gracia de haberlo vivido. Vivido mientras se sigue caminando por los atajos de la espera.