Enrique Dintrans A.

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

Dime tú, muda tiniebla
dónde resuena aquel grito callado
si en un espectro marchito,
de inefable y corrupta desolación
o en la sangre que injustamente derramada
se secó en la memoria de los tiempos.

Dime tú, antro de los espejos quebrados
donde el alma rasguña su utopía
y acontece el infinito dolor de sus caídas
Quién deshace en las raíces los anhelos
y salpica las palabras en las redes del engaño.

Mi oído registra la música de los átomos
y mi visión recorre el camino de savia
en el árbol de la vida.

Pero hoy he descendido al reino de la muerte.
Y en el eco de mis preguntas veo desprenderse la luz de las sombras,
y ellas escuchan mi voz en nuevos rostros.

Aquí he venido con la carga del madero
en esta condición de las rupturas insaciables.
He dicho entre los hombres que el Reino había llegado.
Ahora estoy aquí, en otro reino.

En el camino le oí decir a Satán:
¿Por qué no bajas de la cruz y te salvas a ti mismo?
¿No eras acaso el Hijo del Dios Todopoderoso?

Yo permanecí en silencio.
Viene hacia mí una muchedumbre de rostros en esperanza
Una incontenible luz se prepara desde el sepulcro
y estoy pronto a abandonar el sudario.


E.D.A