Txema Anguera

El gato chino.

El sol, me dá empujones en la espalda 

y el aire frío que viene de cara, me hace dudar.

El señor verde del semáforo, me dice que ande,

mi pie derecho, que no responde.

La sirena de los bomberos, grita como una loca,

mi pie izquierdo, que tampoco.

El señor rojo de encima del verde,

me dice que no me mueva, menos mal!!!

Un minuto de prórroga delirante,

para repasar a toda prisa, como decirlo.

Me abrocho la chaqueta hasta la nariz,

froto mis manos con gesto nervioso,

estoy casi decidido.

Vuelve el señor verde con insisténcia,

¿ vas a hacerlo, o no?, cruzo la calle,

¿ tu que te has pensado hombre estático?,

eres un impertinente desalmado.

Continuo renegando, pero continuo,

con paso decidido y convencido.

Llego a la tienda, abro la puerta,

todo yo decisión, valentía,

me encaro a la dependienta y remato la faena.

 

¿Podría darme uno de esos gatos dorados que me saludan desde el escaparate?