kavanarudén

Alma de poeta




Versos, versos, versos eternos que me desbordan, que brotan de mi corazón inquieto y que tengo que escribir para quedarme quieto.

 

Basta una brisa marina o mirar el molino que convierte el trigo en harina; el volar sereno de un ave en vuelo o un caballo libre montado a pelo, para que se encienda en mi la imaginación, la pura inspiración.

 

Basta la mirada inocente de un niño o el corretear del armiño; el mar en su eterno ir y venir o un incierto porvenir; para que la musa solita, me haga su cordial visita.

 

Basta contemplar un tramonto sin viento o experimentar la tristeza que siento;  la hermosa luna llena o el color púrpura de la cayena;  una copa de vino o la hierva del camino. Para que se encienda dentro la luz fina y pura del plectro.

 

Basta la lluvia en su lento caer o el sol en su amanecer; una madre que amamanta o un nudo en mi garganta; tu hermosa figura o tu sin igual finura; tu caminar sereno o tus cabellos color heno para que se encienda dentro de mi ser la lira.

 

Basta admirar la solitaria rosa o escuchar la simplicidad de una prosa; apreciar la lejana y triste melodía de un piano o los pájaros salvajes cantar lejos en el pantano; con solo sentir tu respirar, tu aliento, tus besos, tu amor cual dulce saeta, se despierta dentro la pasión y el alma del poeta.