Josefina 46

LA SENDA DE LA VIDA

Comencé mi andadura

por la senda de la vida

sin espinas ni guijarros,

con el ropaje ilusionado

de una eterna primavera.


Camino que se abría ante mi

como el lucero del alba,

horizontes limpios que soñaba

de grandes fantasías anheladas.


Más adelante encontraba

a alguien que me esperaba,

nos cojimos de la mano

y caminábamos dichosos,

forjando sueños hermosos

llenos de vida y calor.


Pero aquella senda florida

en un desierto se convirtió,

y en un recodo agazapada

la mala suerte desafortunada

en sus redes nos envolvió.


Ahora lo que queda de su trayecto

camino con la triste soledad,

sabiendo que en ningún momento

encontraré la perdida felicidad.


Y caminaré el resto tambaleante

resignada al destino frustrante

que te llevó de mi lado como llegaste,

¡sin darme cuenta, en un instante!


Fina