Juan Manuel Hernández.

\'\'EL LOCO\'\'

En una de mis noches,

de una eterna distracción,

en la barra de un viejo bar,

tomando una cerveza barata,

mirando un pasado que se fue sin dudar,

un anciano a mi lado se sentó,

me observó, miró mi cerveza

y al cantinero le exclamó,

dos copas de Whisky por favor,

una para mi, y la otra para el señor.

 

Me quedé asombrado,

ya que nunca había visto a este señor,

me sonrió y me contó,

no te asustes joven,

no te pienso morder,

solo brindo una copa,

a alguien que necesita conversar,

me extrañó el atrevimiento de aquel señor,

ya que me vio como un necesitado,

le contesté: siento ser algo ofensivo,

pero no hace falta una copa de licor,

no necesito nada, mucho menos compañía.

 

El anciano me sorprendió con una sonrisa,

y a pesar de lo que le dije, el me respondió:

\'\'Tranquilo, toda persona desconfía de

un loco como yo al principio,

pero luego, con el tiempo entenderás\'\'

 

No sé por qué,

pero me encantó su respuesta,

le acepté la copa, ya que no tenía

más nada que hacer,

Desde ahí empezamos a hablar,

el me contó muchas historias,

y en sus ojos se reflejaba un gran resplandor,

y cuando tocó la hora de partir,

me dijo al despedirse,

nos veremos mañana, exclamó,

le pregunté su nombre,

pero solo sonrió y no respondió,

a la noche siguiente,

sentado en la misma barra lo vi,

me acerqué y sugerí:

\'\'esta noche pago yo, pero solo con una condición\'\'

el anciano sonrió y me preguntó:

\'\'¿como cual sería la condición?\'\'

le sugerí que me siguiera contando

sus historias, Ya que su forma de expresarse

me interesó,

y cada noche fue así,

el me contaba historias de su vida,

anécdotas difíciles de inventar.

Así que no tenía otra opción que creer.

 

Nunca me dijo su nombre,

pero los hombres del bar lo llamaban \'\'EL LOCO\'\'

no entendí por que,

pero eso poco importó,

el era mi amigo,

y yo era como un libro,

donde el expresaba toda su historia,

debo confesar que nunca había visto

un hombre tan decidido, hablaba con tanta seguridad,

cuando miraba a su pasado,

una lagrima en su mejilla no podía faltar,

no se arrepintió de sus errores,

pero nadie le podía quitar lo que vivió.

 

De todas sus historias,

mencionó nunca olvidar a su gran amor,

una rubia hermosa, más radiante que luz del sol,

ojos azules más profundos que el mismo mar,

así la describía, una efímera perfección,

la conoció en la calle, y hablarle no resistió,

dice que cree que se llamaba Fabiola,

una mujer que mucho lo inspiró,

fruto de esa atracción,

salió su sobrenombre de \'\'LOCO\'\'

por aspirar a cosas que nunca logró,

al menos eso pensaban los demás,

ya que al caer la noche,

se veían y se amaban hasta el final,

curioso le pregunté:

¿Por qué nunca mencionaste eso a los demás,

si así te dejarían en paz?

El no aguantó las lágrimas,

y con una risa cínica respondió;

\'\'No importa lo que digan, solo me importa

haberla hecho feliz, y sobre todo,

lo que más me importa es que ella sepa cuanto la amé\'\'

 

No encontré palabras para seguir la conversación,

y tuve que improvisar y seguir tomando

mi copa de licor.

 

Me observó y me dijo:

\'\'estás perdiendo tu tiempo\'\'

Sorprendido le pregunté:

-¿Por qué?

te estás quedando con el conformismo

de ser quien eres, y no ser quien quieres ser.

No pude responder,

simplemente callé,

miré a mi copa,

y recapacité...

 

Días después, volví a aquella taberna,

donde estaba sentado donde siempre,

aquel que llamaban LOCO,

me senté a su lado,

pedí dos copas de Champan,

el me miró y preguntó:

¿Qué hay que celebrar?

Sonreí, lo miré,

y simplemente contesté:

Otro día de vida,

otro suspiro de viento,

hoy hay que celebrar,

que podemos seguir contentos.

 

Una sonrisa salió de él y contestó,

yo celebro cada día,

pero prefiero celebrar con algo

un poco más fuerte,

una especie de Whisky por ejemplo.

 

Me preguntó:

-¿Por qué volviste? Deberías estar haciendo tu vida.

 

Esas palabras nunca las olvidaré,

cada suspiro que daba era poesía,

y aunque muchos lo llamaban loco,

locos eran ellos,

por no apreciar la inteligencia

que se escondía en esa barba tintada de gris,

esos versos que se escapaban de su boca

repleta de alcohol,

pero el nunca hizo nada para quitarse esa fama

de encima,

más bien le alegraba que lo llamaran así,

porque según él,

la locura es un don,

que se gana por hacer cosas

que nadie se atrevería

utilizando la razón.

 

Pero han pasado días,

y no he visto a mi amigo,

se ha mantenido vacía

la silla de la barra

de aquel viejo bar,

hacen falta sus historias,

hace falta su presencia,

la gente se pregunta,

¿Donde está el loco?

¿En donde se metió?

¿Por qué se ha ido el loco?

Se fue y ni siquiera se despidió...

 

Todos hablan de el,

su legado se cumplió,

ya que lo recuerdan por sus palabras,

y no como el simple viejo que

toda su vida en la misma

silla se sentó.

 

Ya pasó un año,

y mi amigo el loco

nunca más volvió,

y me siento en variadas barras,

contando las historias que el inventó,

buscando a otros locos,

que vean la vida con amor,

sigo por el mundo,

y ahora me llaman loco a mi,

y me alegra,

porque el legado de mi amigo se cumplió,

ha pasado el tiempo,

y mi barba se destiñó,

escribo versos con pasión,

y en mi mesa no puede

faltar el Whisky que tanto me ayudó,

cuento historias extrañas en

el mismo bar,

y he visto gente llegar

y otras verlos marchar...

 

Me hace falta la compañía del Loco,

aunque comprendí que está en un lugar mejor,

y aunque desearía agradecerle por todo lo que me enseñó,

pero no puedo,

el ya se fue,

y yo estoy aquí,

contándole esta historia a usted,

que con mucha paciencia se me acercó,

y lo seguiré haciendo,

hasta que llegue mi hora,

y otro loco aprenda

lo que algún día,

aprendí yo.

 

 

Juan Manuel Hernández.

//HISTORIAS QUE VAN TOMANDO SENTIDO\\\\