nelida anderson parini

CAPRICHOS DEL DESTINO

Ciertamente no sé por qué me amaste

con aquella pasión imponderable,

 hasta hoy me es todavía inexplicable

la corriente de amor que me brindaste.

 

Serena era la tarde en que llegaste

con esa tu sonrisa tan afable,

liviana cual caricia que agradable

con ternura en mis ojos colocaste.

 

Y luego aquel temblor entre mis manos

sudando de ansiedades mil gotitas,

mirándote esos labios tan lozanos

 

mi corazón sintió cosas bonitas.

De pronto ya no fuimos más lejanos

pero hoy explicaciones son fortuitas.