Raúl Daniel

¡A Él!

¡A Él!

 

Al que hizo el Universo de la nada,

apareciendo los cielos a la voluntad de su palabra,

usando sólo fe... ¡A Él!

 

Al que hizo la Tierra y, en ella,

puso un paraíso para el hombre;

dándole la potestad de dominarla,

bien o mal... ¡Cómo quisiera!

 

Al que hizo los mares, que albergan

una vida distinta, que aún sin aire

Él hizo que existiera;

con un fondo tan profundo,

donde el hombre, que ha llegado a la luna,

¡Aún no llega!

 

Al que hizo este día que despierta

en alborozo de pájaros y bella

vegetación exuberante, siempre nueva,

y con niños que juegan...

con hombres que luchan...

y mujeres que esperan.

 

A Él, que soportó la rebelión de sus estrellas,

del ángel a quien diera la mayor comisión:

ser quien dirigiera su loor,

y, aceptando el desafío que le hiciera,

¡demostrarle su error

en el monte de La Calavera!

 

A Él, que los pecados perdonó

a todo el que lo quiera,

clavando en la madera de la cruz:

hasta la más vil afrenta.

A Él, que es la luz, la Vida,

lo que Es, lo que Será ¡o lo que fuera!

 

A Él, que es la Verdad que nunca cambia,

porque es verdad eterna;

al único que Es

y, por su esencia de vida,

la muerte no pudiera retener,

¡Al único que puede

hacer todo lo que quiera!

¡Al Todopoderoso, al verdadero,

al amoroso  y misericordioso Dios Eterno!

A Él, que es fuego... y nube...

y pan... y viento... tres veces Santo...

¡y es más fiel y tierno de todos los amantes!

 

A quien le debo tanto

y a quien lo entrego todo,

porque todo me dio de lo que tengo:

mi vida, mis dones, mis cosas

y una gran familia, que por ser suya,

es la más hermosa.

 

A Él le canto en este día que comienza

y le doy gracias porque permitió que lo viera

... y con salud estoy, en su amor

¡y a su espera!,

pues Él bien sabe, que cuando quiera,

¡puede llevarme a donde sea!

 

Mas por ahora y en este día,

voy a alegrarme y a disfrutar de su regalo,

como Él dijera que así se hiciera...

y en Jesús decir amén,

gritándolo de tal manera,

en un intento de estremecer la tierra

¡y que en el cielo se oyera!