Raúl Daniel

¿Por qué mintieron?

Te dijeron que no había que mentir

y te hablaron de decencia...

y también que el Niño Dios

te traería regalitos navideños,

que dejases tus zapatos en la puerta,

(¡y les creíste todo en tu cándida inocencia!)

 

-“Dice papá que no está...

(la que no está es mi mamá);

él, no sé que hace con la empleada,

porque hace una media hora

escuché que la llamaba...

a mí me mandó a mirar televisión,

ellos ríen en el cuarto

y la puerta está cerrada.

Algún día creceré y entenderé

¡lo que ahora es una gran contradicción!”

 

Sí, te dijo tu papá, que algún día entenderás

porque tú ¡también eres varón!

 

Y te enviaron a la escuela, al colegio,

a taekwondo, a inglés, y, por supuesto,

no faltó computación;

en modales y etiqueta te ilustraron,

atendían con esmero a un futuro imaginado,

en que tú, con excelencia, progresabas,

aceptando los valores (pecuniarios),

y las metas e ideales

que sus mentes consagraron.

 

Para cuando te sentiste asfixiado

ya era tarde... ¡hasta te habías casado!

y tenías unos hijos (a los que ni atendías

porque, ¡claro!, ¡era tanta la lucha por la vida!)

 

Fue muy poco lo que pudo

hacer por ti aquel sicólogo,

y tampoco te calmaron

las caricias y los besos que te daban

esas chicas que llevabas

una a una a los moteles,

sean vecinas, sean empleadas,

¡si hasta hubo una prima!,

a la que ahora evitas mirar en la cara,

(aunque ella ríe y no dice nada).

 

No te sirvió cubrir las metas

ni cumplir con los sueños

de “progreso” socialmente aceptados

y un gran vacío hay en tu pecho...

Nunca entendiste ¡porqué mintieron!,

¡si te decían que no es correcto!

 

Deambulas como zombi por las calles

que acompañan tu ignorancia,

y no vayas a llorar, ¡porque nadie

hará caso a tus lágrimas!