Arenita.

Carta a un amor

Querida, el tiempo te gasta,

tus dos ojos selváticos,

y tu risa vasta

estás dejando de lado.

Querida, no sé si logres entender,

lo que es ser eterno,

pero en mis versos simplones

te aseguro no has muerto.

Querida, estás viva como la sangre,

que ahí en mis venas galopa;

yo a ti te llevo en el pecho,

en mis instintos de loca.

Por ti me rompo los dedos,

querida, dicen mis versos,

lo mucho que yo te amo,

lo mucho que te requiero.

Querida, todos tus ojos negros,

me han sabido buscar,

aunque esté lejos y escondida,

tan sólo con llamarme

con andarme buscando,

me quito yo la coraza

y voy corriendo a tu lado.

Querida, he sentido en los años,

con el arcano tiempo,

que mis erradas cábalas,

se las llevó el viento.

Hasta las nubes, querida,

se doblan con tu pasar,

todo el parque voltea...

a verte caminar.

Tú eres hermosa, querida,

con tus ojitos sin trazos,

borraste toda mi lluvia.

Prefiero morir de amor,

y así morir... en tus brazos.