Darío Ernesto

Cancion a mi humilde Casita

 


 

Fui el primogénito, entre  viejos arboles frutales fui el amado.

Mis hermanos, eran

ramas y hojas, mecidas po el viento

gigante mi nogal infinito mi mayor hermano.

Mi casa, no era de habitaciones multiples

Solo era mi dulce hogar.

Allá en el patio un grifo,  que goteaba elixir

Al jardín de calas blancas

como  novias en un  altar.

Allí mi madre,

¡Oh linda mi madre, de pie lavando allí las prendas!

Mis ropitas pequeñas,

Pobre trapitos de lujos, al sol lentamente secaban,

mi casa siempre fue pequeña,

Como si no alcanzase al tamaño de mi alma,

Mi padre amaba su damasco, su níspero y sus cerezas

Con cada ampliación se moria en suspiros mi padre,

Un frutal de vida,moria,moria.

El horno a leñas al fondo, hermano de mis ojos

Amante de  mirar las brazas, cuando los ladrillos

violetas de fuegos y sueños, ardian.

¡Oh mi padre, amasando penas, bello y voluntario!

Mi casa, humilde y modesta con su gallinero,

Entre los parrales de techo fresco en los veranos

Entre duraznos  de agua, que al caer por el viento se rompían

De tan grandes y bellos.

¡Oh mi casa fue un paraíso, entre naranjos, mandarinos!

Limoneros y pomelos.

Todo fue frutos, todo un regalo del cielo.

Mi casa, no tuvo mármoles, ni grandes espejos, ni escaleras

Al cielo.

En ella había una pirca pequeña de lajas

A difunta correa, devotos en la vida, respetos a los santos.

Todo fue pobreza del alma de los gestos,

como si ello solo ello bastase,

Pues en la vida la felicidad, no parece ser completa.

Vinieron los tiempos, vinieron las cosas tiernas

Mis hermanas del alma tan hermosas,

a mi madre tan lindas retratos parecidas a ella.

Hoy casi ni aromas  ni perfumes  a  naranjo en flor.

Nada de ello existe,

se fue mi padre al sueño profundo

Y yo el que amante en silencios admiraba.

Todo fue pobrezas del abrazo,

todo mentira

Un castillo de arenas, todo fue hipocresías.

¡Oh mi alma de niño, la paz no encontraba!

Los golpes a mi madre, de la que me dio la vida arrendada

El vino de aquellas uvas, a mi padre trabajador no le escaseaba.

Yo se que fui tratado como una planta, agua y vientos

pocas palabras.

Mi casa, mi amor imposible, orgullos de niño abrazos ausentes.

Se fue mi padre, se fueron las rosas,

Todo fue pobreza, sin aromas, sin rojos pétalos, de sangre y vida.

 

Autor : Darío  Ernesto Muñoz Sosa